lunes, 22 de enero de 2018

Al fin un torniquete

La tarde apareció plomiza, gris, con una lluvia fina pero incansable y un velo tenue de niebla que dotaba al conjunto de una tristeza acorde con la situación deportiva del Pontevedra CF.

El partido de ayer no admitía dobles interpretaciones ni malentendidos. Una victoria cortaría la hemorragia de once encuentros sin ganar y nos mantendría de pleno en la lucha. Un empate o una derrota contra el colista cuya racha era todavía peor que la nuestra nos colocaría en una situación desesperada y muy difícil de contrarrestar.
Con estos ingredientes para elaborar el caldo nadie (o casi nadie) creía que la sopa que nos iban a servir estuviera plena de sabor y contenido.

Y así fue, evidentemente.

De entrada, la ausencia en la convocatoria de Jon Etxániz y Carlos Ramos alimentaba los rumores esparcidos a lo largo de la semana que les señalaban como claros candidatos a dejar el club en los próximos días.

Sin el vasco sobre el césped, Berrocal fue el encargado de jugar en punta ofreciendo más o menos lo mismo de siempre, mucho trabajo y entrega pero nula capacidad para generar peligro de verdad en área contraria.
Tampoco estaba Prosi (todavía no recuperado de su lesión muscular) y ello dio oportunidad de ver la evolución de Alex Fernández junto a Kevin en el medio centro en el que se desenvolvió sin brillantez pero con su habitual dinamismo y llegada en ocasiones desde segunda línea.

La primera parte transcurrió entre el silencio extraño y doloroso de Pasarón (por segundo partido consecutivo en casa no hubo prácticamente animación) y los nervios y desaciertos sobre el terreno de juego de dos equipos que justificaban sobradamente su clasificación.

A medida que pasaban los minutos es cierto que el Pontevedra se iba adueñando de la situación y fruto de ello llegó ese gol de Marcos Alvarez (salvó otra mala actuación con ese tanto) que llenó de alivio los pulmones no sólo de los jugadores sino también de los espectadores que veían como a trancas y barrancas se iba encaminando un triunfo tan anhelado por todos.

La segunda parte empezó con nuevas dudas granates y con un Cerceda que trato de echarse para adelante pero que no fue capaz de crear ni una ocasión de peligro en área de Edu.

Así como aquellas veces en que ha estado mal se ha comentado, ayer Goldar cuajó una buena actuación al lado de León en el centro de la zaga y aportó esa seguridad y contundencia que muchas veces le ha faltado en una posición tan delicada como la que ocupa en el terreno de juego.
No estuvieron mal, como se ha dicho, los centrales aunque en defensa volvió a destacar sobre los demás un Juan Barbeito expeditivo atrás pero cada vez más alegre arriba poniendo de manifiesto lo importante que es contar con un juvenil en División de Honor nutrido de jugadores que en épocas de crisis como la que vive el Pontevedra aparezcan dotando al equipo de su entusiasmo, ilusión y sobre todo capacidad para hacerse con un puesto incluso en situaciones tan estresantes como la actual.

Con el público cada vez más nervioso y el Cerceda intentándolo más, Lusimi decidió sacar al campo a Añón en lugar de Marcos y el Pontevedra volvió a tomar poco a poco el rumbo del partido hasta que en buena jugada de Juan y el propio Añón por la derecha llegó el segundo tanto marcado por un Jimmi que al igual que Marcos Alvarez adecentó un poco su partido con este importante gol, logrado curiosamente con su pierna derecha.

De ahí al final el partido ya fue otro.

El Pontevedra se tranquilizó definitivamente y el Cerceda notó el golpe hasta desaparecer casi por completo del partido.
Debutó Nacho López como interior, llegó la mala noticia de la lesión de Adrián León que dio la oportunidad a David Castro de jugar en la demarcación de central unos minutos y el partido llegó a su fin con el suspiro general de todos los allí presentes que casi habíamos olvidado la sensación que produce la victoria tras casi tres meses sin conseguirla.

Nadie debe, sin embargo, llevarse a engaño.

Lo de ayer supone la colocación de un torniquete sobre una herida que sangraba a borbotones y que amenazaba con dejar el organismo granate “más seco que la mojama.”
Ahora debe llegar la intervención médica en toda regla que suture esa herida y la deje en un simple mal recuerdo y esa curación sólo llegará con más puntos y con el alejamiento de unos puestos de descenso que están todavía muy cerca y dispuestos a engullirnos a las primeras de cambio.

Como ya he dicho más arriba, todo hace indicar que en estos últimos diez días de mercado invernal se marcharán dos o tres hombres y llegarán esas piezas que tanto se han reclamado y se siguen reclamando por la masa social.
Es de esperar que se empiecen a enmendar los errores del pasado verano y que a pesar de las dificultades de este mercado de invierno estas incorporaciones doten a la plantilla de más calidad y posibilidades pues el calendario que se avecina es de cuidado.
El próximo fin de semana otra auténtica final en Toledo; luego el líder Fuenlabrada en Pasarón y después (tras viajar a SS.de los Reyes) nos visitará un Racing con el agua tan al cuello como nosotros.

Vienen curvas y de las peligrosas.

El equipo necesita de su gente.
Esa gente que padece y sufre los errores del Consejo de Administración que esta temporada están siendo muchos.
Sin embargo, hay una realidad que es palpable e incuestionable. Cuando en el ex vetusto estamos todos juntos a lo largo de noventa minutos alentando, apoyando y empujando a los nuestros somos más fuertes y mucho más difíciles de batir.

A veces es complicado olvidar durante los partidos algunas cuestiones pero mientras el balón rueda debemos ser muy conscientes que lo único importante es ese escudo y esa camiseta que como tantas veces he comentado permanecerá siempre al margen de jugadores, entrenadores y directivos que están de paso por el Pontevedra CF.    

lunes, 15 de enero de 2018

Esperando a Lenin

Otra derrota. 
Esta vez en Bouzas y arrastrando de manera lastimosa el escudo especialmente a lo largo de la primera mitad.
Faltó alma, garra, concentración y a los veinte minutos el partido ya estaba entregado y los puntos en el bolsillo del Rápido de Bouzas.
Ya son once partidos sin ganar y el equipo camina con paso firme hacia la tercera división.

¿Se acuerda alguien ya de aquella comparecencia ante los medios de comunicación protagonizada por la  Presidenta del Consejo (aquella vez sin desayuno, almuerzo o comida para los periodistas) celebrada el día siguiente a la no aceptación de la dimisión de ese entrenador sin cuya presencia en el banquillo granate no podría entenderse la historia del club y el Pontevedra CF quizá no hubiera existido?
Los micrófonos ardían, las libretas u ordenadores de los profesionales de la información echaban humo (sí, humo) ante la catarata de consecuencias que el ridículo (uno más) de Talavera iba a provocar en el organigrama deportivo de la institución.
Escuchando aquel día la radio o leyendo los periódicos la jornada posterior quien más quien menos pensó que lo de 1917 en la madre Rusia se iba quedar muy corto en comparación con el número de cabezas que sangrientas y despedazadas rodarían por las oficinas de Pasarón.
Si en el Palacio de Invierno de San Petesburgo cayeron el Zar, la zarina, el zarévich y el resto de la familia real, todo parecía indicar que en el Pontevedra CF se pasaría la guadaña igualmente al personal del servicio, las cocheras, las cuadras y hasta el jardinero cuyas humildes tijeras de podar no impedirían que el implacable peso de la justicia granate se lo llevara igualmente por delante.
¿Qué ha pasado dos meses después con esa anunciada revolución que removería los cimientos de una plantilla confeccionada con  varios órganos del cuerpo de los miembros de la comisión deportiva entre los que no se encontraba evidentemente la cabeza?.

Veamos.

Al margen del cese del entrenador producido no solo por su incapacidad para que el equipo ganase un encuentro sino también por su intolerable rueda de prensa del día 17 de Diciembre de 2017 que pasará a la historia negra del Pontevedra CF, se ha marchado sólo un jugador de nombre Victor Mongil.
Claro que leyendo las declaraciones de unos y de otros con relación a esa baja se llega fácilmente a la conclusión que el central cogió las maletas por iniciativa propia y que incluso el club intentó convencerlo de que no se fuera ahora que ya no estaba un entrenador con el que no se llevaba demasiado bien.

¿Cabezas cortadas, por tanto? Ninguna al margen de la de Luisito.

En ese sentido, la revolución a quince de Enero de 2018 (queda todavía la mitad del mercado de invierno) se asemeja mucho más a la de terciopelo protagonizada por República Checa y Eslovaquia que a la rusa o a la francesa de Robespierre y “Monsieur” Guillotin.

Si a la hora de desprenderse de jugadores que no han demostrado ni nivel ni compromiso para vestirse esta camiseta la entidad va con calma, en cuanto a las incorporaciones como es lógico tampoco existen demasiadas novedades esperanzadoras.
Por un lado, el entrenador al que se le examina partido a partido (no se sabe si para tratar de ahorrarse el dinero de un nuevo técnico o porque sencillamente no se confía realmente en él) sigue siendo interino y desconoce hasta cuando seguirá al frente del equipo.
El tiempo pasa, las jornadas sin ganar se acumulan y la tercera división se acerca a pasos agigantados pero la indeterminación en el banco sigue vigente de una forma tan absurda y peligrosa que es difícil encontrarle explicación lógica.
Ha llegado también un jugador para ayudar en el lateral derecho. A pesar de que jugó todos los partidos con su anterior equipo y en teoría está en forma no disputó ni un minuto en el día de ayer y tampoco se sabe si será capaz de desbancar de la titularidad a un juvenil que en Bouzas sin hacer nada del otro mundo volvió a darle a algún que otro compañero otra lección de lo que es dejarse el sudor en el campo en vez de pasearse miserablemente por un campo de juego.

En Bouzas salimos humillados pues esa y no otra es la conclusión a la que se debe llegar cuando un equipo humilde y con menos medios nos “liquida” en veinte minutos en gran parte por nuestra desidia, falta de atención y errores impresentables.

“Revolución” como se ha dicho no ha habido y no habrá (como mucho llegarán un par de jugadores no se sabe si para calentar banquillo o para aportar de verdad en “el verde”) y a pesar de que tener superávit en las arcas es por supuesto elogiable, positivo y muy bueno para la entidad (la gestión sostenible de la que habla el Consejo de Administración es razonable y en teoría garantiza el futuro) al Pontevedra CF le sigue faltando espíritu.

Las cifras económicas, insisto, son importantísimas pero igualmente trascendentes son los sentimientos y todos esos intangibles que contiene una SAD y de la que carece otra empresa normal.
Que exista superávit es maravilloso pero a una afición que sufre y que observa como su equipo se despeña hacia un descenso impensable los números no le alivian.

 Lo que le alivia son las victorias.

  

lunes, 8 de enero de 2018

De absurdas temporalidades e inexplicables pachorras

La primera vuelta de esta complicada Liga que lleva camino de hacerse más larga que un día sin pan terminó el día 17 de Diciembre de 2017.
Pasaron las Navidades y con ellas las mini vacaciones de los jugadores; pasó fin de año con sus uvas, su champán, el vestido de Pedroche y la capa de García; pasaron los Reyes Magos con la ilusión de los niños, regalos en abundancia y algún que otro moratón por “caramelazo cabalgateño”.

Y volvió la competición el día 7 de Enero y para pasmo de muchos y desesperación de otros lo hizo el Pontevedra CF sin entrenador fijo en el banco y sin un solo jugador nuevo con el que tratar de potenciar un equipo con problemas.
A lo largo de estas semanas de descanso liguero han quedado para la historia un par de frases de la dirección deportiva granate.
Después de que los días siguientes al cese de Luisito Míguez aparecieran en los papeles multitud de entrenadores que estaban siendo barajados para sustituir al de Teo  (realmente solo falto el “bombero torero”; ese que aparece con montera y capote cada vez que el Real Madrid gana una Copa de Europa), el 26 de Diciembre y coincidiendo con el primer entrenamiento del equipo tras el parón, Feáns anunció que Luismi seguiría al frente del equipo “si no se encontraba algo mejor hasta finales de esa semana” y que contaba con dos o tres opciones que eran de su agrado.
            
La semana acabó y como suele pasar desde casi el principio de los tiempos llegó la siguiente y ya entrados en 2018 y sin que ninguna de esas opciones teóricamente buenas fructificaran en un fichaje el director deportivo del Pontevedra afirmó a pocos días ya del partido contra el Celta B que “Luismi seguiría un par de semanas y a ver cómo vamos”.
            
Cómo íbamos antes de jugar contra el Celta B lo sabemos todos (o eso creo porque a veces me entra alguna duda): en posición de promoción de descenso y descolgándonos cada vez más de algunos equipos teóricamente asequibles que han puesto puntos de por medio.
            
Si esta situación indudablemente gravísima en lo deportivo merece la provisionalidad de dos semanas más sin saber si Luismi Areda va a seguir hasta el final o si alguna de esas “grandes opciones” se sigue manejando entre bambalinas es algo que clama al cielo.
            
¿Se tiene confianza sólo en el bravo ex jugador granate durante quince días dependiendo si se gana se empata o se pierde los dos partidos ligueros?
¿Podemos permitirnos el lujo mientras nos despeñamos poco a poco por un tobogán empinado de seguir retrasando la decisión de quien es el hombre en quien confía el Consejo para dirigir al Pontevedra CF hasta el final de la competición?

Si se ha apostado por el entrenador hasta hace nada del juvenil lo lógico es que esa apuesta sea segura y firme y no con la caducidad de quince días y si esa apuesta no es fuerte y se quiere traer a alguien ¿vamos a esperar a que se nos haya escapado ya la respiración natural y nos hayan conectado el respirador artificial?


Si la gestión del sustituto de Luisito al frente del equipo está siendo, a mi juicio, bastante lamentable no lo es menos la potenciación de una plantilla que ha demostrado a lo largo de la primera vuelta bastantes carencias.
Parecían soplar vientos de revolución en el mes de Noviembre tras la batalla perdida de Talavera y daba la impresión durante aquellos días que en Enero no iba a continuar en el Pontevedra CF ni el famoso “Tato”.
Un par de meses después (más sosegados los ánimos) hemos oscilado hasta el otro extremo de la situación.
No eran ni son aconsejables revoluciones costosas y traumáticas en mitad de una temporada pero sí resultan obligatorias algunas incorporaciones que traten de taponar algunas vías de agua del equipo sobre todo en defensa.

La “pachorra” con la que se está actuando en esta faceta también resulta llamativa. Sabemos todos que llevamos más de dos meses sin lateral derecho del primer equipo y que la responsabilidad descansa desde hace dos semanas sobre los hombros de un juvenil que ayer incluso mejoró su rendimiento del primer día a pesar de que las ayudas defensivas que recibía en su banda por sus compañeros brillaron por su ausencia como es ya una costumbre.       
Como quiera que Miguel Angel es sub-23 pensábamos que sería necesario liberar una ficha senior para por lo menos cubrir ese agujero y no dejar solo ante el peligro a Juan Barbeito.
Cuando hace solo unos días se produce la baja de Mongil algunos ingenuos pensamos que a renglón seguido se oficializaría la incorporación de ese lateral que tanto se necesita.

Pues no. 

Seguramente estaremos valorando varias alternativas que nos agraden sin importarnos que con el empate de ayer ya son diez partidos sin ganar y que el abismo se ha acercado algunos centímetros más.


El partido frente al filial céltico volvió a dejar muchas dudas sobre el futuro granate. Hasta el primer cambio efectuado por Luismi dando entrada a Añón a falta de media hora el Pontevedra fue un pelele en ataque sin posibilidad alguna de crear inquietud a su rival. Con la entrada posterior de Alex González el peligro arriba del Pontevedra se incrementó mucho más y así acabó llegando el empate e incluso un balón al palo que nos habría otorgado una victoria quizá exagerada pero que habría resultado balsámica.

Como ahora en rueda de prensa sí se puede hablar de fútbol y no hay broncas, ni lecciones ni nada por el estilo Luismi respondió a las preguntas de los periodistas sobre la ausencia de Añon y Alex del once titular argumentando que no quería agotar de entrada todas las “balas” del equipo y que quería “madurar” más el choque y hacer daño en el tramo final con estos dos estiletes que sin duda son los mejor que hasta ahora ha ofrecido el Pontevedra en ataque en esta penosa Liga.

En el fondo le salió bien a Luismi pues efectivamente el peligro llevado por ambos fue notable lo que pasa es que en los sesenta minutos anteriores el encefalograma de ataque granate fue plano y el desastre defensivo el habitual y si el Celta hubiera llegado al descanso con un 0-3 a su favor a pocos habría extrañado.

Tampoco mueve al optimismo las tres ocasiones clarísimas de gol permitidas al Celta tras nuestro empate y que de haber sido capaz el conjunto celeste de materializar alguna (la madera y Edu lo evitaron) nos habría asestado una nueva cuchillada en el corazón sin tiempo ya para reaccionar.
El Domingo habrá que ir a Bouzas con la esperanza de que por fin se encuentre un remedio para la herida y esta dejé de manar sangre.

Entre medias volverá la “copa garrafón” y esta vez lo hará con mucha fuerza. Con media España colapsada por las nevadas nos iremos ni más ni menos que a Burgos a jugar un partido de dudoso interés del que sólo habrá que esperar que no se deriven consecuencias desagradables en forma de lesiones.


Lo importante vendrá en el Baltasar Pujales y en ese campo volveremos a jugarnos gran parte del futuro de la institución.    

jueves, 4 de enero de 2018

El despropósito que no cesa

Vaya por delante lo siguiente para evitar confusiones: El único integrante de la familia Pontevedra CF SAD que ha dicho cosas interesantes, con sentido e incluso ilusionantes desde el 19 de Diciembre pasado ha sido el ex entrenador del juvenil y ahora de forma "temporal" entrenador del Pontevedra, Luismi Areda.

Desde este blog no puedo sino desearle la mejor de las suertes en esta etapa como entrenador granate y que ese coraje acompañado de compromiso que derrochaba a raudales cuando defendía esta camiseta sobre el césped se vea acompañado con su acierto e inteligencia a la hora de dirigir desde el banquillo a este equipo cuya situación en la tabla resulta decepcionante y lo que es peor muy preocupante a la hora de afrontar la segunda vuelta de la competición.

Sin embargo, si subimos algún peldaño en el escalafón de puestos de responsabilidad de la entidad, comprobamos fácilmente como esta especie de tormenta de errores que lleva acumulando el club desde Junio pasado lejos de cesar en su intensidad se acrecienta por momentos hasta llegar casi al desconcierto.

Dejando al margen los fichajes realizados el pasado verano y los dudosos números acumulados por la gran mayoría de las incorporaciones en la temporada anterior, el siguiente gran error del Consejo no fue otro que dejar en agua de borrajas la dimisión "no producto de un calentón" y "muy pensada" de Luisito Míguez tras perder por dos tantos a uno en Talavera de la Reina.
El entrenador se había declarado "muerto" para sacar adelante la situación y a pesar de ello por la cúpula de la institución se decidió no aceptar la dimisión y consentir que el de Teo siguiera ocupando el banquillo granate.
Las consecuencias ya las sabemos. Atisbo de reacción las dos semanas siguientes con dos buenos partidos "que se dejaron de ganar" de forma auténticamente incomprensible y cuatro encuentros siguientes (tres de ellos en casa) lamentables y ofreciendo una imagen de equipo roto y desquiciado.

En ese momento sí. 

El día 18 de Diciembre (el siguiente a la derrota contra el Atlético B) se toma al parecer  (digo al parecer pues como ya sabemos la política comunicativa del Pontevedra brilla por su ausencia) la decisión de cesar a Luisito en sus funciones de entrenador.

A continuación y desde el día 20 o 21 de Diciembre aparecieron en los medios de comunicación una cascada de nombres de técnicos de todas las edades, estilos y circunstancias que lo único que provocó fue la duda de si el club sabía realmente lo que quería o si estaba "apuntando a todo lo que se movía" sin un criterio definido y lógico a la hora de determinar cual debería ser en realidad el perfil del hombre que debía coger entre sus manos el timón técnico de la plantilla.
¿Tienen algo en común David Vidal o Manix Mandiola con Rubén de la Red o Andrés Palop?, por poner un ejemplo.

Con el paso de los días ya muchos empezamos a darnos cuenta que sería casi imposible que antes de que el equipo retomara los entrenamientos hubiese entrenador nuevo.
Y en ese primer día tras las vacaciones, 26 de Diciembre, el Director Deportivo ( o como se denomine su cargo) ya dejó caer que no descartaba a Luismi para el cargo si no se encontraba algo mejor  hasta finales de esa semana.

Dejando al margen la oportunidad de esa frase, la semana terminó y con ella llegó el nuevo año y los días previos a la primera final ,sí, final que el equipo deberá afrontar el Domingo que viene contra el Celta B. 
Y es el Martes 2 de Enero cuando el Director Deportivo pronuncia otra frase gloriosa : "Luismi seguirá dos semanas y a ver como vamos".
Es decir, a día de hoy, el Pontevedra CF no tiene entrenador confirmado hasta el próximo mes de Mayo.
No se ha traído a nadie pero tampoco se ha dicho sin tapujos y a las claras que Luismi cuente con la confianza del Consejo para seguir en el cargo hasta el final de la Liga.

¿La consecuencia de todo esto cual es? 
La improvisación, la aparente falta de ideas para saber que entrenador se quiere y una sensación irremediable de despropósito e incluso de desgobierno importante.

No está la situación clasificatoria del equipo para esas improvisaciones y tumbos a la hora de elegir el camino.
La tercera división está más cerca de lo que alguna gente piensa y todo lo que ha pasado en la entidad estas dos semanas y media hacen dudar a este atribulado bloguero de que sean verdaderamente conscientes de la papeleta que el equipo va a tener que solventar en estos diecinueve partidos de los que al menos habrá que ganar ocho (el doble que en la primera vuelta) para no despeñarse por el precipicio.

Si no se ha encontrado ninguna opción válida para el club desde el punto de vista deportivo y económico para el banquillo habría sido más fácil anunciarlo y confirmar a Lusimi no para dos semanas (como si estuviera pasando un examen de selectividad que el Pontevedra no puede permitirse por la gravedad de su situación deportiva) sino para el resto de la Liga e ir con él hasta el final con todas las consecuencias.

Se suma a esta sensación de despropósito la ausencia total de noticias en torno a las bajas que se quieren conceder y a las altas con las que se quiere potenciar la plantilla.

Llevamos sin lateral derecho desde hace mucho y reanudaremos la Liga sin esa posición cubierta arrojando sobre los hombros de un juvenil una responsabilidad exagerada y que no sé si acabará por ser perjudicial para su crecimiento.

Esa circunstancia por sí sola (no cubrir siquiera una ubicación para la que no hay nadie en plantilla) aumenta las dudas y el desconcierto a la hora de conocer si el Pontevedra está moviéndose con determinación en el mercado y si por lo menos sabe ( aunque luego el dinero será el que mande) con que jugadores no le gustaría seguir contando y aquellos con los que pretende mejorar siquiera un poco al grupo.

La conclusión es que el Domingo empieza una segunda vuelta crucial para nuestros intereses en los que habrá que sumar como mínimo 25 o 26 puntos para salvarse y para lograr esa puntuación todos los partidos, todos, resultan vitales para la consecución del objetivo y por ello esta parsimonia y esta sensación de provisionalidad que desprende el Pontevedra resulta especialmente preocupante. 

La lucha por la salvación empieza el Domingo y desde el Domingo hay que puntuar si es posible de tres en tres para no pasar de la respiración natural al ventilador artificial.

Para terminar con algo de optimismo retomo la idea con la que empecé estas líneas.

La declaraciones de Luismi suenan esperanzadoras y rebosan entusiasmo por la oportunidad que se le ha dado aunque sea de esta forma tan extraña.

Asume una responsabilidad enorme porque enorme (aunque algunos se empeñen en no querer verlo) es el reto que el Pontevedra tiene por delante.

Ojalá esa ilusión que desprenden sus palabras se vean acompañadas de su buen hacer y junto a una plantilla de jugadores que debe aportar mucho más de lo que ha hecho hasta ahora nos saque de esta pesadilla que cada vez extiende más sombras negras sobre el presente y futuro de la entidad.            

jueves, 21 de diciembre de 2017

Era la única solución posible

"Los últimos resultados deportivos del equipo". 

Esa es la causa esgrimida por el Pontevedra CF en un comunicado ofrecido tarde, mal y a rastras para darle oficialidad al cese de Luisito como entrenador del equipo.
Me gustaría a lo largo de estas líneas manifestar mi posición sobre la noticia tratando en primer lugar el apartado estrictamente futbolístico y a continuación la rueda de prensa del Domingo tras el choque y la de ayer de despedida del cuerpo técnico.

La situación del Pontevedra en la clasificación ha pasado de ser preocupante en las últimas semanas a verdaderamente grave al final de la primera vuelta.
Sólo 19 puntos y sólo cuatro victorias logradas constituyen un bagaje pobre y escaso que va a provocar que la actuación del equipo en la segunda vuelta vaya a tener que ser realmente notable para eludir el drama de otro descenso.
No es difícil prever que serán necesarios del orden de 25 a 27 puntos para salvarnos de la quema y esa cifra es superior por ejemplo a los 23 puntos que el Pontevedra logró en la segunda vuelta de la pasada liga en la que terminamos cuartos. 
No resulta extraño, por tanto, ni aquí ni en ningún otro equipo de fútbol que un entrenador pueda ser destituido cuando su equipo no gana (acumulamos una racha de nueve encuentros sin hacerlo) y además no parece ofrecer un atisbo de reacción sobre el césped. (especialmente en los cuatro últimos encuentros en los que el Pontevedra ha dado una imagen realmente preocupante).

Es cierto también que nadie puede asegurar que con el nuevo entrenador se conseguirá esa reacción deportiva (sería importante en ese sentido que en los movimientos que se hagan en el mercado de invierno próximo a comenzar se intente acertar y compensar todos los errores cometidos en verano) y el relevo en el banquillo usado como revulsivo y toma de conciencia del precipicio por el que nos estamos despeñando no garantiza ya de por sí que el día 7 de Enero el equipo vaya a enseñar otra cara ante su gente en el Estadio de Pasarón.

Ahora bien, el fútbol es y ha sido así siempre y con este panorama en la clasificación y con las sensaciones muy malas experimentadas sobre el campo en el último mes no es una decisión la del Consejo que haya producido demasiada sorpresa.

Sin embargo, entrando ya en la polémica e infausta rueda de prensa del Domingo, mi opinión era ese día y sigue siendo a día de hoy que aunque el equipo estuviera entre los cuatro primeros de la tabla esas declaraciones de Luisito deberían haber conllevado su cese inmediato al frente del club.
Ya en mi última entrada de este blog hablé con profusión de las palabras del técnico tras el partido pero ya que el club a través de ese comunicado expone claramente que su cese se debe a temas solamente deportivos quería simplemente insistir en que ciertas líneas rojas o límites no deberían pasarse nunca y de atravesarse la clasificación no resulta excusa suficiente como para no exigir responsabilidades.

Ayer Luisito acompañado exclusivamente por Pepe Rico (según las propias palabras del entrenador su preparador físico no podía estar y el mismo le pidió a Murillo y Feáns comparecer sólo con su segundo) sí ofreció públicamente unas disculpas por lo ocurrido el Domingo que están a la altura de un entrenador que ha sido inquilino de ese banquillo.

Ojo! Este perdón sincero y sentido de ayer no hace variar mi posición acerca de que un entrenador del Pontevedra no puede seguir siéndolo si no es capaz de contenerse para no soltar públicamente todas las barbaridades que el Domingo derramó en la Sala de Prensa.

No obstante, es cierto que pedir perdón de verdad y además habiendo sido destituido horas antes no es fácil y hacerlo aunque no pueda rehabilitarte en el cargo sí le da la razón a aquellos que conocen al entrenador (no es mi caso) y le describen como una persona humilde, sensible y cercana aún a pesar de sus erupciones volcánicas ocasionales.

Siendo positivas las disculpas ofrecidas en su despedida, el verdadero último servicio que le hace el técnico a la entidad es no exigir económicamente más allá del último día trabajado. 
Esta circunstancia no es habitual ni en el mundo del fútbol ni en otras actividades laborales y ni que decir tiene que para el Pontevedra CF que Luisito perdone el resto de su contrato es una bomba de oxígeno y una muestra de caballerosidad por parte del entrenador que no me duelen prendas en reconoce a pesar de que entiendo que su destitución resultaba inevitable y obligatoria.

Se acaba una etapa marcada por un ascenso (complicado como todos los ascensos) pero obligado para el club en la 14/15; una buena temporada de regreso a la segunda B en la 15/16 y una muy buena campaña la temporada pasada en la que la entidad volvió a experimentar el cosquilleo que provoca estar un poquito más cerca del retorno al fútbol "profesional".
La primera vuelta de la 17/18, sin embargo, no ha salido bien.

En todas esas campañas hemos asistido a algunas ruedas de prensa exageradas o desmedidas que nunca encontraron freno por parte del Consejo de Administración y que encontraron su punto álgido hace cuatro días cuando en un intento de defensa de dicho Consejo Luisito no estuvo a la altura que el cargo que ostentaba sin duda requería.

Muchos más aciertos que errores sobre el "verde" y muchos más errores que aciertos delante del micrófono.
Coherente, eso sí, en su despedida siempre dijo que el día que se fuera no exigiría más que lo que había trabajado y así finalmente lo ha hecho.

Que tenga suerte en el futuro. 

lunes, 18 de diciembre de 2017

Un guardaespaldas patético

Sólo faltó la banda sonora a todo volumen de la película “El guardaespaldas” con Whitney Houston “cantando a todo cantar” y que tras el indecente discurso pronunciado por Luisito este se hubiera convertido como por ensalmo en el atractivo Kevin Costner y hubiera cogido entre sus brazos a su desprotegida princesa para sacarla a codazos y con determinación furibunda de la celda en que se encontraba rodeada de delincuentes peligrosos con garras afiladas en lugar de dedos y miradas inyectadas en sangre deseosas de acabar con la protagonista.

Podría seguir “tirando” de ironía que es lo que quizá convendría para juzgar las actuaciones de un personaje como este pero lo de ayer es tan grave y cubre al Pontevedra CF de tal indecencia que no soy capaz de seguir haciéndolo.

He escrito no hace demasiado tiempo que por cuestiones exclusivamente futbolísticas no pediría jamás la destitución de ningún entrenador.

Podré opinar sobre si me gusta más o menos un partido, una táctica o un fichaje pero quien conoce (o debería conocer) como se encuentra un técnico de fuerzas y como mantiene la relación con su vestuario es el propio club a través de su director deportivo o aquellos miembros que contactan a diario con los integrantes de ese vestuario.

Ahora bien, ayer se han rebasado todas las líneas rojas habidas y por haber y el monólogo protagonizado por este individuo habría comportado su cese al minuto siguiente en cualquier club que pretendiera ostentar una vitola de mínima seriedad.

No encuentro por mucho que busco en mi memoria parangón alguno en lo escuchado ayer en el estadio de Pasarón.

Que un entrenador salga en público a menospreciar, vilipendiar y descalificar a parte de su propia afición es algo tan lamentable, tan grave y tan patético que resulta completamente inexplicable que a día de hoy este caballero continúe en su puesto.

Lo peor, por duro que resulte, no es eso.

Lo peor con diferencia es que esas palabras durísimas y fuera de lugar fueron pronunciadas con el asentimiento y condescendencia de una Presidenta que como ya es habitual le acompañaba en la sala de prensa no se sabe si a modo de princesa descarriada o en calidad de qué para escuchar todo lo que allí se decía y sobre todo se preguntaba.

Es una pena que un Consejo de Administración presidido por Lupe Murillo que había conseguido una credibilidad notable en el aspecto económico e incluso deportivo (la faceta social sigue coja y cada vez con más agujeros) esté perdiendo dicha credibilidad a chorros por consentir esta clase de actitudes a un personaje que ya en ocasiones anteriores había demostrado no estar a la altura de la institución para la que trabaja pero que ayer cubrió de oprobio e indignidad con su discurso a un club con más de 76 años de edad.

Ni invertir en un club cuatrocientos mil, setecientos mil, dos millones o cincuenta millones  de euros puede servir de excusa para tolerarle a este individuo lo que ayer dijo en Pasarón y una persona que no sabe exponer sus argumentos de otra manera y que se permite el lujo de despreciar a su propia gente por el mero hecho de criticar a su Jefa (por muy equivocados que él pueda creer que están) no debería seguir ni un minuto más al frente de un banquillo que hasta hace poco tenía un prestigio que en el último lustro se ha derramado por los suelos.

¿Quiénes serán los siguientes? ¿Otros del fondo Norte? ¿Los de sur? ¿Los de preferencia o Tribuna?
¿De verdad se cree Luis Míguez que es suficiente disculparse con la boca pequeña por la noche en su programa de cabecera y entre las risas cómplices de quienes le rodeaban?

 Con este ejercicio de patetismo y “peloteril” a más no poder (superó en ese sentido a los de aquellos entrenadores elevados al banquillo del Atlético de Madrid por Jesús Gil en su época más dura cuando ni siquiera soñaban con poder entrenar al Puerta Bonita) evitó el todavía (aunque nos pasme) entrenador del Pontevedra CF hablar de un nuevo ridículo de “su” equipo ante un mediocre Atlético B.
La primera parte fue lamentable y sólo el mejor remate de la temporada efectuado por Etxániz (eso sí, en su propia portería) provocó que se moviera el marcador. La segunda fue algo mejor (solo un poquito) y el mismo Etxániz tuvo una pelota a dos metros del arco rival para empujarla y fue incapaz de meterla dentro.
Tras el partido cuyo resultado final empuja un poco más al Pontevedra a Tercera llegó el verdadero espectáculo.
Ese que provoca que cada minuto que Luisito siga como entrenador del Pontevedra le haga mucho más pequeño y le cubra con una tupida capa de indignidad.     



martes, 12 de diciembre de 2017

La Liga de las Ciudades

No sé quien se inventó tal denominación.

Suena a competición con clase, de esas en las que grandes equipos juegan en espectaculares escenarios con céspedes inmaculados y en la que la repercusión de sus resultados abarca todos los rincones de España.

En Pontevedra, sin embargo, ya sabemos que la presunta Liga de las Ciudades también denominada “competición de bronce” del balompié patrio pero cuyo verdadero nombre no es otro que la segunda división B es una categoría olvidada compuesta por nada menos que ochenta equipos y en la que cada vez destacan más los filiales de los equipos que militan en el fútbol “profesional” que utilizan sus presupuestos para colocar arriba a sus “cachorros” (en algunos casos, por cierto, con más barba que los jugadores del primer equipo).   
 
Esta maravillosa “tercera división camuflada” (ya puestos a inventar nombres, este responde algo más a la realidad) lleva muchos años pendiente de una reestructuración que la dote de mayor sentido, atractivo y lógica dentro del organigrama general del fútbol de nuestro país.

El Pontevedra CF(como los fieles seguidores granates saben, uno de los equipos que parece ligado por un hilo de Ariadna a esta 2ªB) la ha conocido con dos grupos de veinte, un solo grupo igualmente de veinte y desde hace ya muchos años con estos cuatro grupos que dividen España (muchas veces de manera caprichosa y aleatoria) y que se nutren de históricos venidos a menos, los filiales ya citados anteriormente y otros conjuntos sin apenas masa social (o con una muy reducida) que aparecen como por ensalmo en el panorama futbolístico y que en su mayoría disputan sus partidos como locales en cajas de cerillas con hierba extraña que convierten a este deporte en un acontecimiento zarandeado por el viento, la lluvia, el “bote” del balón u otras circunstancias no demasiado relacionadas con la esencia misma del juego que se pretende practicar.

Ayer, sin ir más lejos, a las “complicadas” condiciones que entraña siempre jugar en Bouzas se unió la ciclogénesis explosiva llamada Ana y causaba verdadero dolor observar por televisión las evoluciones de Rápido y Talavera sobre el “terreno de juego” del barrio de la ciudad de Vigo.   
Ya se sabe, esto es la segunda división B (la flamante Liga de las Ciudades) y mientras en primera o segunda habría resultado imposible disputar ese encuentro tal y como se hallaba el Baltasar Pujales, en la “categoría de bronce” todo es posible y los sufridos jugadores de ambos equipos completaron el choque con actitud estoica y disciplinada.

El Pontevedra por su parte debía jugar su partido en otro escenario glamuroso y atractivo en pleno corazón de Madrid frente al Unión Adarve.

 Por desgracia, esta temporada los nuestros no juegan “un pimiento” ni en estos campos “insoportables” ni en aquellos otros (que por supuesto los hay) en los que resulta más fácil intuir el bote del esférico, correr sin desequilibrarse y no mecerse por un viento huracanado.
Se preveía un partido feo, insulso y en los que no cometer errores resultaría decisivo para por lo menos no perder y a pesar de que las crónicas dicen que el rival apretó lo suyo sobre el área de Edu Sousa el equipo consiguió salir “vivo” de la coyuntura y sumar un punto que impide que el Adarve (sin duda uno de los cinco conjuntos que debemos colocar por debajo en la tabla) se escape en la clasificación y que evita igualmente que caigamos a posiciones de descenso o play out aunque sea verdaderamente por los pelos.

Resta solo un encuentro para terminar la primera vuelta. El Pontevedra lo jugará aquí frente al Atlético de Madrid B y buscará romper esta serie de partidos ya demasiado larga sin conocer la victoria.
Luego llegará el parón navideño y con él, a primeros de año, la apertura del mercado invernal.
Otros equipos que se codean con nosotros por todo lo bajo de la tabla anuncian movimientos cuantiosos e importantes.
En especial, el Racing de Ferrol prepara al calor de la nueva propiedad (que persigue como objetivo el ascenso a segunda en poco tiempo) una “mini revolución” que los ayude a salir de los puestos de descenso con la mayor celeridad posible.
La Ponferradina, por su parte, parece reaccionar con dos victorias seguidas y cuenta también con recursos más que suficientes para escapar de esa zona tan peligrosa en la que se ha metido.   

¿Y el Pontevedra?

Es evidente que la situación económica de la entidad no permite las alegrías que a buen seguro se darán en la ciudad departamental y en algún otro equipo del grupo (el Toledo puede moverse mucho también).
Habrá que actuar, por tanto, con mucho más acierto del que se ha demostrado tener en el verano pasado. Y ese acierto no sólo debe tenerse a la hora de elegir los hombres que van a venir a formar parte del equipo en la segunda vuelta sino también en la elección de las bajas que se concedan o pretendan conceder.
No hay que volverse locos. No se trata de echar a ocho y que vengan otros ocho sino de detectar en que se ha fallado hace meses y como se puede hacer funcionar la máquina hasta Mayo sin tirar la casa por la ventana.
De ese acierto de la comisión deportiva (sea quien sea quien la forme y sea quien sea quien realmente conoce el mercado y elija los jugadores a traer) depende que esta temporada se quede sólo en decepcionante y no alcance tintes de melodrama.

Como ya he escrito en varias ocasiones en esta tribuna el peligro de descenso es real y tangible.

Para evitarlo hay que reaccionar en el campo pero también en los despachos tratando de moverse con mesura, sí, pero también con inteligencia en el mercado de invierno.