lunes, 19 de febrero de 2018

Gracias Dr.Jekyll


El Doctor Jekyll sabía que el partido era vital, casi decisivo y lo más importante, se disputaba en su propia casa.

En realidad nunca le había gustado beber el extraño brebaje en su hogar. Gustaba de utilizarlo en sus viajes, lejos de casa, a espaldas de la gran mayoría de los miles de sus seguidores que no acostumbran a desplazarse fuera de la ciudad.

Sin embargo, era muy consciente de la recaída sufrida a finales de año y que le llevó a la ingesta en su propio domicilio de importantes cantidades de la maldita poción con los consiguientes ridículos ante su gente frente a Valladolid B, Segoviana y Atlético de Madrid B.
Aquellos días no apareció el elegante, sobrio y seguro de sí mismo Dr Jekyill sino el zafio, desaliñado y desesperante Mister Hyde que se apoderó de la escena sin contemplaciones y envió al Pontevedra CF a la lucha descarnada por no descender.

Por fortuna, Jekyll soportó ayer la tentación y comenzó el encuentro con personalidad, presencia y cierta intención futbolística.

Las consecuencias no se hicieron esperar y ante un lamentable Racing de Ferrol, el Pontevedra bajo la batuta de Jekyll fue el único equipo existente en la primera parte sobre el impresentable césped de Pasarón.

Con una defensa con tres centrales en la que debutó Darío Flores que cumplió su cometido con discreción y sin estridencia alguna y en la que volvió a destacar un notable David Castro que parece haber encontrado una ubicación más acorde con sus características, el Pontevedra encontró vías de entrada en la defensa departamental tanto por las bandas como por el centro de su ataque. Jorge Hernández volvió a ser el jugador peligroso de casa y Alex González ese puñal que tanto se necesita para desbordar jugadores rivales.
De ellos fueron los dos primeros goles que limpiaron de fantasmas al Dr. Jekyill traspasándoselos en su totalidad a un Racing cuya imagen en la primera parte no pudo ser peor.

Todavía se le pusieron mejor las cosas al Pontevedra en los primeros minutos de la segunda parte en una jugada llevada de nuevo por Alex González y Jorge que finalizó con acierto Iván Martín haciendo el tercero.
Ese parecía el golpe definitivo para un Racing que había efectuado los tres cambios de una tacada tras el descanso en una clara muestra de lo poquísimo que debió gustarle a su técnico los primeros 45 minutos de su equipo.

No obstante, a partir del 3-0 el Pontevedra dejó de amenazar en ataque a los ferrolanos y cedió totalmente la iniciativa a su rival que empezó a tocar con más criterio la pelota sobre el “pasto de vacas” de Pasarón y a crear ocasiones ante la portería de Edu.
Era como si nuestro querido Dr. Jekyll se hubiera echado a dormir o lo que es peor hubiera decidido meterse al gaznate un buen trago de la poción de su propia creación para convertirse poco a poco en el desfigurado Mr Hyde que tan bien conocen en los diferentes estadios de esta categoría.

Por suerte, cualquier tentación de nuestro protagonista de embriagarse con el elixir fue desterrada de un plumazo por Edu Sousa que en extraordinaria intervención fue capaz de rechazar un penalti lanzado por Joselu cuando todavía restaban más de veinte minutos para el final y quien más quien menos pensaba que la cosa podría todavía torcerse dado el cariz que estaban tomando los acontecimientos.
No fue así por esa inmensa parada de nuestro portero, por un poste que rechazó un lanzamiento rival poco después del 3-0 y porque los jugadores ferrolanos se mostraron totalmente negados ante el gol en las varias ocasiones en las que un relajado en exceso Pontevedra les permitió acercarse a su portería.

Esa resistencia del Dr. Jekyll a los poderes sobrenaturales de su poción va a seguir siendo decisiva en el tramo final de la competición.

De todos es sabido que cuando el equipo se marcha de Pontevedra esa resistencia se resquebraja y el pobre Jekyll inunda su organismo con el denso y adictivo brebaje que le inutiliza para sacar siquiera una triste igualada en los partidos como visitante.
El Pontevedra pasa a ser otro. Se convierte en un equipo feo, romo y triste que regresa a la ciudad del Lérez con una derrota tras otra bajo el brazo.

Son cinco partidos los que nos quedan en casa y cinco las victorias que tenemos que conseguir. Quizá baste con 44 puntos y si no es así se tendrán que romper todas las botellitas de cristal en las que Jekyll guarda su arsenal para que en algún desplazamiento el rostro agradable y bondadoso de nuestro Doctor no se convierta en el desfigurado y macilento de Mr. Hyde.

Por lo menos esta semana no habrá ruido de sables, no se buscarán enemigos de la causa al amanecer y los teléfonos permanecerán callados.
Quien saldrá más beneficiado de todo ello no es otro que el Pontevedra CF cuya imagen no se deteriorará todavía más por aquellos que  precisamente deberían salvaguardarla y dotarla de mayor prestigio.


lunes, 12 de febrero de 2018

Una prima, muchos "primos" y algún cuñado que otro


Un par de días después de vencer con toda justicia al Fuenlabrada en Pasarón, un compañero de tertulia sacaba a la luz en Radio Pontevedra la noticia de una prima abonada por la Presidenta del club a nuestros futbolistas tras el encuentro, se supone que en compensación por el buen trabajo realizado.
En ningún caso los jugadores sabían de la noticia con anterioridad al partido. Aquellos que piensen que ese premio económico pudo servir de estímulo para los jugadores granates en su pelea con el líder se equivocan pues la existencia de esa prima fue comunicada por sorpresa a los jugadores después de la victoria.

Lo curioso de esta noticia (por lo menos para el que esto escribe) no es por tanto el argumento fácil de que los jugadores pudieran haber puesto mayor ahínco en el partido por causa de la dichosa prima pues no eran conocedores de la misma sino el hecho extraordinario de que la entidad se haya gastado un dinero (por poco que este sea) en estos menesteres.
Alguien con alguna malicia podría pensar que dicha cantidad con la que se decidió premiar a la plantilla por obtener la sexta victoria en veintitantos partidos pudiera corresponderse con algún remanente que podría haber quedado en caja de la partida destinada a “reforzar” al equipo en el mercado de invierno. 
Al hilo de ese mercado felizmente cerrado ya e incapaz, por tanto, de generar más frustración en la afición granate no puedo olvidar las palabras de la dirección deportiva del Pontevedra acerca de Darío Flores. Sobre el uruguayo (con un currículum esperanzador por haber militado en equipos importantes de Sudamérica, de eso no hay duda) se nos dijo que venía para competir ya y ayudar desde el primer momento.
Dos semanas después sólo se le ha visto frente al antipático Escobedo en la todavía más antipática Copa Garrafón y con algunos problemas de velocidad que no auguran nada demasiado bueno.
Sobre Eder Díaz se llegó a decir también desde dentro de la entidad que llegaba un delantero con potencial similar al de Mario Barco (toma del frasco, carrasco) aunque lo cierto es que en Liga solo ha jugado los descuentos de los dos últimos partidos. Sí fue alineado en el partido de la “garrafona”.

Sea como fuere y venga la prima de donde venga, lo que desgraciadamente constituye una realidad palmaria es que junto a la primita también se alinean un regimiento de “primos” entre los que me incluyo como principal exponente de dicha cofradía.
Somos (los de la cofradía de los “primos”) aquellos que a pesar de los ridículos y espectáculos indignantes fuera de casa nos seguimos esperanzando cada vez que el Pontevedra empieza un partido como visitante y nos sentamos ante la televisión (si ello es posible) o nos ponemos los auriculares en los oídos confiando en que esa vez sí  nuestro equipo se va a comportar con la responsabilidad y aplomo que su historial exige.
Somos los de la cofradía de los “primos” inasequibles al desaliento y si no lo creen ahí van unas estadísticas que les dejarán helados.

Esta temporada el Pontevedra ha disputado fuera 36 puntos en doce partidos y ha logrado la “maravillosa” cifra de 5 puntos en dichos desplazamientos.
En esos doce partidos (ocho derrotas, tres empates y una victoria) no ha conseguido marcar en nada menos que ocho y solo en uno, Guijuelo, ha logrado más de un gol.

Para mear y no echar gota, dicho con el mayor respeto del mundo.

Pero es que no se queda ahí la cosa.

Si a esos datos de esta misma Liga unimos los de la Liga pasada entera podrán comprobar, queridos lectores, como los miembros de la cofradía de los “primos” somos susceptibles de ser galardonados con la próxima edición del premio “Santo Job” dedicado a la paciencia y al estoicismo humano.
Si sumamos, les digo, los datos del año pasado obtenemos lo siguiente: 93 puntos en juego y solo ¡19 obtenidos!, 31 partidos y apenas cuatro victorias!!.

De verdad que no se entiende como a nadie dentro del club se le cae la cara de vergüenza.

Con esta fragilidad exasperante fuera, el play off de ascenso del año pasado solo se consiguió a base de compensar ese dato con una temporada en casa extraordinaria pero esta campaña con unos datos como locales simplemente normales la situación no puede ser diferente a la que tenemos, es decir, ver el descenso demasiado cerca.

Sobre el partido de ayer no se puede decir mucho más que no sea que el Pontevedra se dedicó a practicar una vez más el “cuñadismo” dominguero.
La versión de dicho “cuñadismo” alcanzó su grado álgido esta Liga en el campo del Guijuelo en el que dilapidamos tres goles de ventaja en un cuarto de hora y dos en otros tantos minutos de descuento.
No se quedó atrás el “cuñadismo” en Ponferrada, ciudad en la cual con el tiempo ya casi consumido y con falta a favor fuimos capaces de perder el partido disputando un último minuto calamitoso.
Otra versión del “cuñadismo” más rancio y exasperante consiste encajar al principio de los partidos lo que hemos hecho, por ejemplo, en Bouzas, Toledo, Majadahonda o Vigo.

Lo de ayer también tuvo guasa.

Veamos, tenemos una falta a favor para ponerla sobre el área contraria. Ese jugador que algunos dicen que tiene un guante por pié pero que ayer utilizó una especie de “pata de palo” para sacar dicha falta no logra levantar el balón más allá del tobillo de un rival que no desaprovecha el obsequio y pone la primera piedra para organizar la contra mortal que nos vuelve a dejar con un palmo de narices.
Eso sí, todo convenientemente aderezado con noventa minutos en los que no se lanzó a puerta contraria ni una sola vez.
¿Somos o no somos auténticamente “gili..cua” los miembros cada vez más escasos de la cofradía de los “primos”?

En fin.

Con este panorama tan desolador como visitantes los seis partidos que nos quedan en casa se antojan como decisivos a la hora de “salvar el cuello” esta dichosa campaña.
El primero de ellos se jugará el Domingo nada menos que contra un Racing de Ferrol que navega tan a la deriva o más que nosotros y que como ya escribí la semana pasada pondrá a prueba los corazones de todos los aficionados granates que miembros o no de la cofradía asistiremos al choque.
Sería muy importante que la lesión sufrida por Alex Fernández ayer se quede en un susto. Necesitamos personalidad en el terreno de juego y sin Kevin la baja de Alex gana en trascendencia.
Apriétense los cinturones porque vienen cuervas cerradas y las primeras dentro de apenas seis días en el Estadio de Pasarón.

lunes, 5 de febrero de 2018

"Alegre ma non troppo"


Me he permitido la licencia de utilizar el título de una comedia de 1994 dirigida por Fernando Colomo que pasó sin pena ni gloria por las taquillas españolas para dar nombre al artículo de esta semana.
Podría haber elegido una versión más castiza que la frase utilizada por Colomo para bautizar su película. La usaba en muchas ocasiones el añorado Luis Aragonés.   “Contento pero sin presumir”, era uno de los “mantras” del sabio de Hortaleza que derramaba en las ruedas de prensa con esa cara de abuelo cascarrabias a medias entre el abuelo de Heidi y el inefable señor Scrooge.
            
Alegres, no faltaba más, hay que estar en primer lugar por la consecución de una victoria trascendental ante el líder de la categoría como igualmente trascendentes serán los seis partidos que nos restan por disputar como locales en el Estadio Municipal de Pasarón.
 Estos tres puntos insuflan al Pontevedra CF una nueva ración de oxígeno y de esperanza que a buen seguro le vendrá muy bien para afrontar los siguientes choques ligueros.

 Alegres, por supuesto, tenemos que estar en segundo lugar porque el partido de ayer enseñó en su segunda mitad a un Pontevedra sobrio y aguerrido que entendió a las mil maravillas como tenía que jugar esos segundos cuarenta y cinco minutos y que ejecutó su plan con una seguridad que apenas se recordaba por estos andurriales.
 Con el ¿césped? de Pasarón más parecido a un campo de lechugas que a otra cosa sobre todo por la parcela central y el marcador en franquía, el equipo se plantó con aplomo sobre el terreno de juego fabricando una tupida red tanto en medio campo como en defensa que solo concedió una ocasión de gol al equipo madrileño solventada con maestría por ese portero que casi siempre aparece cuando se le necesita y que ayer nos ahorró otra nueva sesión de sufrimiento con una intervención sencillamente antológica a cabezazo de Arruabarrena.
Además, fue capaz de aprovechar una indecisión del rival para hacer el tercero e incluso pudo aumentar el marcador en alguna otra contra que no encontró premio.

Alegres, faltaría más, debemos estar en tercer lugar por algunas actuaciones individuales de jugadores que con retraso, eso sí, empiezan a mostrar cosas que parecían escondidas en el fondo de sus camisetas.
Por ejemplo, por primera vez esta temporada dio la impresión de que el Pontevedra jugaba con un delantero centro.

 Iván Martín, infrautilizado hasta hace un par de semanas, marcó el 2-1 con un cabezazo espectacular tras centro medido de Nacho López (ayer estrenó titularidad el asturiano cuajando un buen partido) y convirtió el tercero tras aprovechar en primera instancia un pase equivocado de un contrario, desembarazarse después cuerpeando con acierto de un “perro viejo” como Cata Díaz y terminar la jugada ganando a otro veterano de la guerra del Vietnam como Codina el “uno contra uno” metiéndole el balón entre las piernas.
 Si a estos dos bonitos goles unimos otro remate en las postrimerías del primer tiempo que salió fuera por poco y un trabajo constante de desgaste frente a dos centrales curtidos como los del Fuenlabrada, la conclusión es que su partido resultó ciertamente extraordinario.

Otro jugador que ayer resultó mucho más constante en su rendimiento fue Jorge Hernández. De él ya se ha escrito en otras ocasiones que atesora una calidad en tres cuartos innegable pero que sus apariciones “guadianescas” no eran suficientes para el equipo. Frente al Fuenlabrada sí consiguió una mayor regularidad en su juego y enriqueció al colectivo en más ocasiones con sus regates con el cuerpo o sus venenosos pases cerca del área rival.
 O que decir de Alex Fdez. Otra pieza muy poco usada esta temporada y casi siempre de central. Ayer volvió al medio centro y aportó ese trabajo e intensidad en la presión que resulta muy conveniente además de sus ocasionales llegadas desde segunda línea y su nada despreciable capacidad para circular el balón.

Y alegres, como no puede ser de otra manera, hay que estar por último por haber recuperado esa conexión tan imprescindible entre grada y equipo que tanto se había echado en falta en las semanas anteriores. La gente volvió a vibrar con sus jugadores y durante el partido su aliento se dejó notar en muchas ocasiones. La merecidísima y larga ovación a su equipo tras el pitido final del árbitro es el mejor termómetro para medir la comunión que ayer si existió en Pasarón y que tanto se va a necesitar en el tramo final de temporada.

Ahora llega el momento del “non troppo” (no demasiado) o lo que es lo mismo, no presumir en exceso por el gran partido disputado frente al líder.

En primer lugar porque la primera parte volvió a enseñar los defectos que venimos arrastrando desde comienzo de Liga.
Encajar de nuevo un gol en el primer minuto resulta desalentador y más cuando la jugada llega por otro desbarajuste defensivo del Pontevedra CF. Primero en banda derecha en la que las ayudas defensivas al lateral brillaron una vez más por su ausencia permitiendo la llegada en soledad del lateral rival para poner el centro. Después por la incapacidad de los centrales para colocarse con el orden adecuado en la defensa de ese centro provocando que el balón les superara con facilidad y llegara a las botas de uno de los mejores “9” de la categoría que no tuvo problema alguno para fusilar a Edu.
La otra gran ocasión madrileña en la primera parte solventada con acierto por Edu en primera instancia y desbaratada de forma increíble por Arruabarrena en segunda, llega también (esta vez por la izquierda) a raíz de un centro a ras de suelo que atraviesa gran parte de nuestro área sin que nadie aparezca para evitar el remate del que nos salvamos de manera milagrosa.
Bueno es recordar, como ya se ha escrito más arriba, que esa actitud defensiva de todo el equipo se corrigió en la segunda parte en la que se defendió con ese orden y hermetismo que no se vio en la primera parte.

Y “ma non troppo”, en segundo lugar, porque ahora toca jugar fuera y como ya todo el mundo en Pontevedra que esté interesado un poco en el equipo sabe el Pontevedra lejos de casa es un desastre absoluto.

En el momento en que se consiga alcanzar fiabilidad como visitante para no tener que depender como el comer de los partidos de casa, alegrías como las de ayer resultarán incluso más grandes. Mientras eso no suceda soportaremos como podamos el partido del próximo Domingo en SS.de los Reyes y nos aprestaremos a vivir otra final dentro de quince días nada menos que contra un Racing de Ferrol en un partido que hará bueno ese tópico de no ser apto para cardíacos.  

lunes, 29 de enero de 2018

Fuego amigo

Poco más de un minuto, eso es lo que aguantó el Pontevedra CF sin encajar un gol en el trascendental encuentro jugado ayer en la ciudad de Toledo.

            
A partir de ese momento, (ya con el rival a favor de obra y rota la posibilidad de que generar más descontento entre los aficionados “verdes” que acabase por afectar a sus jugadores) asistimos al ejercicio de impotencia e incapacidad granate en área rival que ya no es novedad pues era propia también de la etapa técnica anterior.
            
No es agradable ni fácil poner semana tras semana por escrito las inexplicables decisiones que se llevan tomando en el seno de la entidad desde hace meses y que lejos de colaborar para sacar al equipo del abismo parecen apropiadas para hundirlo más en una tabla clasificatoria cada vez más implacable con el Pontevedra CF.

 “Queremos reforzar la parcela central de la defensa en el mercado de invierno”, ese era el “mantra” con el que incluso antes de que comenzase Enero se esperanzaba a los seguidores pontevedreses.
 Incluso a mediados de este mes se aumentó la apuesta diciendo que no uno sino dos defensas centrales serían los que llegarían a la ribera del Lérez para aportar más experiencia y saber estar a la retaguardia de Luismi.

¿Cuál es la situación a tres días de terminar el mercado invernal? El Pontevedra se ha desprendido de dos centrales y todavía no ha fichado a ninguno.

 Más sangrante resulta el caso de Bruno Rivada.
“No se marchará sin un sustituto en la plantilla que cubra su baja”, se afirmó por los dirigentes cuando el interés del Mirandés en el jugador y la receptividad de éste para con la oferta eran un hecho.
 Pues no. Bruno se fue sin un central que lo sustituyera incluso habiéndose lesionado muscularmente Adrián León frente al Cerceda y siendo muy probable su baja para el partido de Toledo.
¿Se habría perdido ayer con Bruno sobre el césped? Pues a lo mejor sí porque ya se perdió en Bouzas con el canterano de titular y haciendo un mal partido.
 ¿Resulta de recibo que el Pontevedra haya afrontado la final de ayer con un solo central específico y con Castro acompañando a Goldar en el centro de la zaga cuando ni es su posición habitual ni apenas había jugado ahí anteriormente? Sin duda, no. No es de recibo.

  Por desgracia, hay más.
            
El Toledo incorporó dos jugadores nuevos la semana pasada y ayer sobre el césped uno fue titular y el otro entró en la convocatoria.
Por el contrario, el Pontevedra decide hacerse con un descarte del Coruxo (sí, del Coruxo) y a pesar de las bajas con las que contábamos para el viaje ni siquiera entra entre los dieciocho jugadores convocados para el partido.
Del otro fichaje, Nacho López, (que vino para jugar de lateral) podemos decir que no ha sido capaz de ganarle el puesto a Juan en esa ubicación y lo que es más desalentador tampoco a Marcos Álvarez en el interior derecha, puesto en el que ha actuado en Liga en calidad de suplente.
            Como colofón, el miércoles pasado en la dichosa copa “garrafón” Jorge Hernández se “tira” los noventa minutos sobre la pesada hierba de Pasarón y ayer es sustituido en el descanso tras disputar solo 45.

 No, no es agradable escribir todo esto pero esto es lo que hay.

La sensación es que a 29 de Enero el equipo ni mucho menos se ha reforzado sino que se ha debilitado y mucho tiene que cambiar la cosa en estos tres días para que esa sensación no sea la que resulte definitiva el día 1 de Febrero a las 00.00 horas.

No nos acabamos de enterar que el Pontevedra CF ha ganado cinco partidos de veintitrés jugados y que necesitará como mínimo ganar seis y empatar otros tres (siendo muy optimista con los números) de los quince que quedan para por lo menos jugar el play out que cada vez aparece en el futuro como mal menor.
El descenso se acerca cada vez más y no parece que la actitud del club en este mercado invernal esté siendo la esperada para tratar de evitar esta catástrofe deportiva que no se podría calificar de otra manera que humillante.
 Ojalá en estos tres días lleguen aunque sean dos jugadores con un currículo apropiado y digno para afrontar esta situación.
Necesitamos refuerzos de verdad en estas últimas horas de mercado porque de lo contrario nos vamos a despeñar y destrozar contra el suelo de la penosa tercera división. 

                    

lunes, 22 de enero de 2018

Al fin un torniquete

La tarde apareció plomiza, gris, con una lluvia fina pero incansable y un velo tenue de niebla que dotaba al conjunto de una tristeza acorde con la situación deportiva del Pontevedra CF.

El partido de ayer no admitía dobles interpretaciones ni malentendidos. Una victoria cortaría la hemorragia de once encuentros sin ganar y nos mantendría de pleno en la lucha. Un empate o una derrota contra el colista cuya racha era todavía peor que la nuestra nos colocaría en una situación desesperada y muy difícil de contrarrestar.
Con estos ingredientes para elaborar el caldo nadie (o casi nadie) creía que la sopa que nos iban a servir estuviera plena de sabor y contenido.

Y así fue, evidentemente.

De entrada, la ausencia en la convocatoria de Jon Etxániz y Carlos Ramos alimentaba los rumores esparcidos a lo largo de la semana que les señalaban como claros candidatos a dejar el club en los próximos días.

Sin el vasco sobre el césped, Berrocal fue el encargado de jugar en punta ofreciendo más o menos lo mismo de siempre, mucho trabajo y entrega pero nula capacidad para generar peligro de verdad en área contraria.
Tampoco estaba Prosi (todavía no recuperado de su lesión muscular) y ello dio oportunidad de ver la evolución de Alex Fernández junto a Kevin en el medio centro en el que se desenvolvió sin brillantez pero con su habitual dinamismo y llegada en ocasiones desde segunda línea.

La primera parte transcurrió entre el silencio extraño y doloroso de Pasarón (por segundo partido consecutivo en casa no hubo prácticamente animación) y los nervios y desaciertos sobre el terreno de juego de dos equipos que justificaban sobradamente su clasificación.

A medida que pasaban los minutos es cierto que el Pontevedra se iba adueñando de la situación y fruto de ello llegó ese gol de Marcos Alvarez (salvó otra mala actuación con ese tanto) que llenó de alivio los pulmones no sólo de los jugadores sino también de los espectadores que veían como a trancas y barrancas se iba encaminando un triunfo tan anhelado por todos.

La segunda parte empezó con nuevas dudas granates y con un Cerceda que trato de echarse para adelante pero que no fue capaz de crear ni una ocasión de peligro en área de Edu.

Así como aquellas veces en que ha estado mal se ha comentado, ayer Goldar cuajó una buena actuación al lado de León en el centro de la zaga y aportó esa seguridad y contundencia que muchas veces le ha faltado en una posición tan delicada como la que ocupa en el terreno de juego.
No estuvieron mal, como se ha dicho, los centrales aunque en defensa volvió a destacar sobre los demás un Juan Barbeito expeditivo atrás pero cada vez más alegre arriba poniendo de manifiesto lo importante que es contar con un juvenil en División de Honor nutrido de jugadores que en épocas de crisis como la que vive el Pontevedra aparezcan dotando al equipo de su entusiasmo, ilusión y sobre todo capacidad para hacerse con un puesto incluso en situaciones tan estresantes como la actual.

Con el público cada vez más nervioso y el Cerceda intentándolo más, Lusimi decidió sacar al campo a Añón en lugar de Marcos y el Pontevedra volvió a tomar poco a poco el rumbo del partido hasta que en buena jugada de Juan y el propio Añón por la derecha llegó el segundo tanto marcado por un Jimmi que al igual que Marcos Alvarez adecentó un poco su partido con este importante gol, logrado curiosamente con su pierna derecha.

De ahí al final el partido ya fue otro.

El Pontevedra se tranquilizó definitivamente y el Cerceda notó el golpe hasta desaparecer casi por completo del partido.
Debutó Nacho López como interior, llegó la mala noticia de la lesión de Adrián León que dio la oportunidad a David Castro de jugar en la demarcación de central unos minutos y el partido llegó a su fin con el suspiro general de todos los allí presentes que casi habíamos olvidado la sensación que produce la victoria tras casi tres meses sin conseguirla.

Nadie debe, sin embargo, llevarse a engaño.

Lo de ayer supone la colocación de un torniquete sobre una herida que sangraba a borbotones y que amenazaba con dejar el organismo granate “más seco que la mojama.”
Ahora debe llegar la intervención médica en toda regla que suture esa herida y la deje en un simple mal recuerdo y esa curación sólo llegará con más puntos y con el alejamiento de unos puestos de descenso que están todavía muy cerca y dispuestos a engullirnos a las primeras de cambio.

Como ya he dicho más arriba, todo hace indicar que en estos últimos diez días de mercado invernal se marcharán dos o tres hombres y llegarán esas piezas que tanto se han reclamado y se siguen reclamando por la masa social.
Es de esperar que se empiecen a enmendar los errores del pasado verano y que a pesar de las dificultades de este mercado de invierno estas incorporaciones doten a la plantilla de más calidad y posibilidades pues el calendario que se avecina es de cuidado.
El próximo fin de semana otra auténtica final en Toledo; luego el líder Fuenlabrada en Pasarón y después (tras viajar a SS.de los Reyes) nos visitará un Racing con el agua tan al cuello como nosotros.

Vienen curvas y de las peligrosas.

El equipo necesita de su gente.
Esa gente que padece y sufre los errores del Consejo de Administración que esta temporada están siendo muchos.
Sin embargo, hay una realidad que es palpable e incuestionable. Cuando en el ex vetusto estamos todos juntos a lo largo de noventa minutos alentando, apoyando y empujando a los nuestros somos más fuertes y mucho más difíciles de batir.

A veces es complicado olvidar durante los partidos algunas cuestiones pero mientras el balón rueda debemos ser muy conscientes que lo único importante es ese escudo y esa camiseta que como tantas veces he comentado permanecerá siempre al margen de jugadores, entrenadores y directivos que están de paso por el Pontevedra CF.    

lunes, 15 de enero de 2018

Esperando a Lenin

Otra derrota. 
Esta vez en Bouzas y arrastrando de manera lastimosa el escudo especialmente a lo largo de la primera mitad.
Faltó alma, garra, concentración y a los veinte minutos el partido ya estaba entregado y los puntos en el bolsillo del Rápido de Bouzas.
Ya son once partidos sin ganar y el equipo camina con paso firme hacia la tercera división.

¿Se acuerda alguien ya de aquella comparecencia ante los medios de comunicación protagonizada por la  Presidenta del Consejo (aquella vez sin desayuno, almuerzo o comida para los periodistas) celebrada el día siguiente a la no aceptación de la dimisión de ese entrenador sin cuya presencia en el banquillo granate no podría entenderse la historia del club y el Pontevedra CF quizá no hubiera existido?
Los micrófonos ardían, las libretas u ordenadores de los profesionales de la información echaban humo (sí, humo) ante la catarata de consecuencias que el ridículo (uno más) de Talavera iba a provocar en el organigrama deportivo de la institución.
Escuchando aquel día la radio o leyendo los periódicos la jornada posterior quien más quien menos pensó que lo de 1917 en la madre Rusia se iba quedar muy corto en comparación con el número de cabezas que sangrientas y despedazadas rodarían por las oficinas de Pasarón.
Si en el Palacio de Invierno de San Petesburgo cayeron el Zar, la zarina, el zarévich y el resto de la familia real, todo parecía indicar que en el Pontevedra CF se pasaría la guadaña igualmente al personal del servicio, las cocheras, las cuadras y hasta el jardinero cuyas humildes tijeras de podar no impedirían que el implacable peso de la justicia granate se lo llevara igualmente por delante.
¿Qué ha pasado dos meses después con esa anunciada revolución que removería los cimientos de una plantilla confeccionada con  varios órganos del cuerpo de los miembros de la comisión deportiva entre los que no se encontraba evidentemente la cabeza?.

Veamos.

Al margen del cese del entrenador producido no solo por su incapacidad para que el equipo ganase un encuentro sino también por su intolerable rueda de prensa del día 17 de Diciembre de 2017 que pasará a la historia negra del Pontevedra CF, se ha marchado sólo un jugador de nombre Victor Mongil.
Claro que leyendo las declaraciones de unos y de otros con relación a esa baja se llega fácilmente a la conclusión que el central cogió las maletas por iniciativa propia y que incluso el club intentó convencerlo de que no se fuera ahora que ya no estaba un entrenador con el que no se llevaba demasiado bien.

¿Cabezas cortadas, por tanto? Ninguna al margen de la de Luisito.

En ese sentido, la revolución a quince de Enero de 2018 (queda todavía la mitad del mercado de invierno) se asemeja mucho más a la de terciopelo protagonizada por República Checa y Eslovaquia que a la rusa o a la francesa de Robespierre y “Monsieur” Guillotin.

Si a la hora de desprenderse de jugadores que no han demostrado ni nivel ni compromiso para vestirse esta camiseta la entidad va con calma, en cuanto a las incorporaciones como es lógico tampoco existen demasiadas novedades esperanzadoras.
Por un lado, el entrenador al que se le examina partido a partido (no se sabe si para tratar de ahorrarse el dinero de un nuevo técnico o porque sencillamente no se confía realmente en él) sigue siendo interino y desconoce hasta cuando seguirá al frente del equipo.
El tiempo pasa, las jornadas sin ganar se acumulan y la tercera división se acerca a pasos agigantados pero la indeterminación en el banco sigue vigente de una forma tan absurda y peligrosa que es difícil encontrarle explicación lógica.
Ha llegado también un jugador para ayudar en el lateral derecho. A pesar de que jugó todos los partidos con su anterior equipo y en teoría está en forma no disputó ni un minuto en el día de ayer y tampoco se sabe si será capaz de desbancar de la titularidad a un juvenil que en Bouzas sin hacer nada del otro mundo volvió a darle a algún que otro compañero otra lección de lo que es dejarse el sudor en el campo en vez de pasearse miserablemente por un campo de juego.

En Bouzas salimos humillados pues esa y no otra es la conclusión a la que se debe llegar cuando un equipo humilde y con menos medios nos “liquida” en veinte minutos en gran parte por nuestra desidia, falta de atención y errores impresentables.

“Revolución” como se ha dicho no ha habido y no habrá (como mucho llegarán un par de jugadores no se sabe si para calentar banquillo o para aportar de verdad en “el verde”) y a pesar de que tener superávit en las arcas es por supuesto elogiable, positivo y muy bueno para la entidad (la gestión sostenible de la que habla el Consejo de Administración es razonable y en teoría garantiza el futuro) al Pontevedra CF le sigue faltando espíritu.

Las cifras económicas, insisto, son importantísimas pero igualmente trascendentes son los sentimientos y todos esos intangibles que contiene una SAD y de la que carece otra empresa normal.
Que exista superávit es maravilloso pero a una afición que sufre y que observa como su equipo se despeña hacia un descenso impensable los números no le alivian.

 Lo que le alivia son las victorias.

  

lunes, 8 de enero de 2018

De absurdas temporalidades e inexplicables pachorras

La primera vuelta de esta complicada Liga que lleva camino de hacerse más larga que un día sin pan terminó el día 17 de Diciembre de 2017.
Pasaron las Navidades y con ellas las mini vacaciones de los jugadores; pasó fin de año con sus uvas, su champán, el vestido de Pedroche y la capa de García; pasaron los Reyes Magos con la ilusión de los niños, regalos en abundancia y algún que otro moratón por “caramelazo cabalgateño”.

Y volvió la competición el día 7 de Enero y para pasmo de muchos y desesperación de otros lo hizo el Pontevedra CF sin entrenador fijo en el banco y sin un solo jugador nuevo con el que tratar de potenciar un equipo con problemas.
A lo largo de estas semanas de descanso liguero han quedado para la historia un par de frases de la dirección deportiva granate.
Después de que los días siguientes al cese de Luisito Míguez aparecieran en los papeles multitud de entrenadores que estaban siendo barajados para sustituir al de Teo  (realmente solo falto el “bombero torero”; ese que aparece con montera y capote cada vez que el Real Madrid gana una Copa de Europa), el 26 de Diciembre y coincidiendo con el primer entrenamiento del equipo tras el parón, Feáns anunció que Luismi seguiría al frente del equipo “si no se encontraba algo mejor hasta finales de esa semana” y que contaba con dos o tres opciones que eran de su agrado.
            
La semana acabó y como suele pasar desde casi el principio de los tiempos llegó la siguiente y ya entrados en 2018 y sin que ninguna de esas opciones teóricamente buenas fructificaran en un fichaje el director deportivo del Pontevedra afirmó a pocos días ya del partido contra el Celta B que “Luismi seguiría un par de semanas y a ver cómo vamos”.
            
Cómo íbamos antes de jugar contra el Celta B lo sabemos todos (o eso creo porque a veces me entra alguna duda): en posición de promoción de descenso y descolgándonos cada vez más de algunos equipos teóricamente asequibles que han puesto puntos de por medio.
            
Si esta situación indudablemente gravísima en lo deportivo merece la provisionalidad de dos semanas más sin saber si Luismi Areda va a seguir hasta el final o si alguna de esas “grandes opciones” se sigue manejando entre bambalinas es algo que clama al cielo.
            
¿Se tiene confianza sólo en el bravo ex jugador granate durante quince días dependiendo si se gana se empata o se pierde los dos partidos ligueros?
¿Podemos permitirnos el lujo mientras nos despeñamos poco a poco por un tobogán empinado de seguir retrasando la decisión de quien es el hombre en quien confía el Consejo para dirigir al Pontevedra CF hasta el final de la competición?

Si se ha apostado por el entrenador hasta hace nada del juvenil lo lógico es que esa apuesta sea segura y firme y no con la caducidad de quince días y si esa apuesta no es fuerte y se quiere traer a alguien ¿vamos a esperar a que se nos haya escapado ya la respiración natural y nos hayan conectado el respirador artificial?


Si la gestión del sustituto de Luisito al frente del equipo está siendo, a mi juicio, bastante lamentable no lo es menos la potenciación de una plantilla que ha demostrado a lo largo de la primera vuelta bastantes carencias.
Parecían soplar vientos de revolución en el mes de Noviembre tras la batalla perdida de Talavera y daba la impresión durante aquellos días que en Enero no iba a continuar en el Pontevedra CF ni el famoso “Tato”.
Un par de meses después (más sosegados los ánimos) hemos oscilado hasta el otro extremo de la situación.
No eran ni son aconsejables revoluciones costosas y traumáticas en mitad de una temporada pero sí resultan obligatorias algunas incorporaciones que traten de taponar algunas vías de agua del equipo sobre todo en defensa.

La “pachorra” con la que se está actuando en esta faceta también resulta llamativa. Sabemos todos que llevamos más de dos meses sin lateral derecho del primer equipo y que la responsabilidad descansa desde hace dos semanas sobre los hombros de un juvenil que ayer incluso mejoró su rendimiento del primer día a pesar de que las ayudas defensivas que recibía en su banda por sus compañeros brillaron por su ausencia como es ya una costumbre.       
Como quiera que Miguel Angel es sub-23 pensábamos que sería necesario liberar una ficha senior para por lo menos cubrir ese agujero y no dejar solo ante el peligro a Juan Barbeito.
Cuando hace solo unos días se produce la baja de Mongil algunos ingenuos pensamos que a renglón seguido se oficializaría la incorporación de ese lateral que tanto se necesita.

Pues no. 

Seguramente estaremos valorando varias alternativas que nos agraden sin importarnos que con el empate de ayer ya son diez partidos sin ganar y que el abismo se ha acercado algunos centímetros más.


El partido frente al filial céltico volvió a dejar muchas dudas sobre el futuro granate. Hasta el primer cambio efectuado por Luismi dando entrada a Añón a falta de media hora el Pontevedra fue un pelele en ataque sin posibilidad alguna de crear inquietud a su rival. Con la entrada posterior de Alex González el peligro arriba del Pontevedra se incrementó mucho más y así acabó llegando el empate e incluso un balón al palo que nos habría otorgado una victoria quizá exagerada pero que habría resultado balsámica.

Como ahora en rueda de prensa sí se puede hablar de fútbol y no hay broncas, ni lecciones ni nada por el estilo Luismi respondió a las preguntas de los periodistas sobre la ausencia de Añon y Alex del once titular argumentando que no quería agotar de entrada todas las “balas” del equipo y que quería “madurar” más el choque y hacer daño en el tramo final con estos dos estiletes que sin duda son los mejor que hasta ahora ha ofrecido el Pontevedra en ataque en esta penosa Liga.

En el fondo le salió bien a Luismi pues efectivamente el peligro llevado por ambos fue notable lo que pasa es que en los sesenta minutos anteriores el encefalograma de ataque granate fue plano y el desastre defensivo el habitual y si el Celta hubiera llegado al descanso con un 0-3 a su favor a pocos habría extrañado.

Tampoco mueve al optimismo las tres ocasiones clarísimas de gol permitidas al Celta tras nuestro empate y que de haber sido capaz el conjunto celeste de materializar alguna (la madera y Edu lo evitaron) nos habría asestado una nueva cuchillada en el corazón sin tiempo ya para reaccionar.
El Domingo habrá que ir a Bouzas con la esperanza de que por fin se encuentre un remedio para la herida y esta dejé de manar sangre.

Entre medias volverá la “copa garrafón” y esta vez lo hará con mucha fuerza. Con media España colapsada por las nevadas nos iremos ni más ni menos que a Burgos a jugar un partido de dudoso interés del que sólo habrá que esperar que no se deriven consecuencias desagradables en forma de lesiones.


Lo importante vendrá en el Baltasar Pujales y en ese campo volveremos a jugarnos gran parte del futuro de la institución.