lunes, 13 de marzo de 2017

Un centrocampista total, una bonita ventaja y un pinchazo inoportuno

Siete puntos de ventaja, siete, son los que soñábamos con sacar al quinto clasificado al término de la jornada de Liga del fin de semana pasado. Y siete puntos de ventaja, siete, son los que refleja la clasificación a nuestro favor con respecto al quinto una vez disputados los partidos jugados en Pasarón y El Sardinero.

La situación clasificatoria del Pontevedra CF resulta indudablemente envidiable. El equipo está muy cerca de conseguir alzarse con una cuarta posición en la que muy pocos creían al comienzo de la temporada y sus números en casa resultan absolutamente maravillosos. Doce victorias, un empate y solo dos derrotas dejan bien claro que como dirían en Cádiz "aquí hay que mamar" o utilizando nuestro inolvidable eslogan "hai que roelo" y mucho para doblegar los esfuerzos de nuestros jugadores cada vez que se "ponen de largo" delante de sus espectadores.

Sin embargo, dos puntos ensombrecen un tanto esta situación idílica del Pontevedra en la tabla y hacen que la alegría no sea total en el seno de la familia granate.
Por un lado, esa dichosa nueva lesión de Barco producida muy pocos minutos después de su salida al césped en la segunda parte al sufrir un pinchazo en la cara posterior de su muslo izquierdo bastante cerca, por cierto, del lugar que ocupa en las gradas este atribulado y otra vez preocupado bloguero.
El ¡ayy! pronunciado por el "9" acompañado de su frenazo en seco al intentar una de sus arrancadas dejaron claro desde un principio que la "cosa" no iba a tener remedio y que habría que pasarse otras cuarenta y ocho horas "rezando" hasta conocer mañana Martes si hay rotura o sólo contractura y de haber la primera si resulta lo más pequeña posible.

El otro aspecto menos positivo de la tarde es casi más doloroso y viene protagonizado por la escasa afluencia de público al Estadio Municipal de Pasarón. En un partido tan importante como el de ayer en el que tanto se jugaba el equipo la única razón que se puede argumentar para justificar el poco aforo cubierto en el ex vetusto es desgraciadamente que la afición granate (quizá por las continuas humillaciones sufridas en el "lustro negro" del descenso y la trayectoria tan larga en Tercera o por cualquier otra razón que habría que empezar a desentrañar) se ha convertido en minoritaria a lo largo de la Liga regular vaya como vaya el equipo y sólo numerosa cuando más interesa "subirse al carro" en aquellas fechas en las que puede "olerse" algún éxito. Esta aseveración que tristemente parece ir confirmándose desde la pasada temporada la escribe este bloguero con grandes dosis de tristeza y gigantescos deseos de que no se ajuste a la realidad y se recupere el ambiente durante la Liga que el Pontevedra CF está mereciendo sobradamente.

Sea como fuere, lo cierto es que el conjunto granate salió a disputar un partido crucial con alguna pequeña novedad no de hombres pero sí de posicionamiento. Así, la ubicación de los tres hombres del medio (Abel, Kevin y Trigo) no era la más habitual a lo largo de la temporada pues fue el jugador canario el que se colocó en el vértice superior del triángulo formado por estos tres futbolistas actuando más retrasado y muy pendiente por cierto de uno de los mejores hombres del rival, Higinio, al que vigiló muy de cerca durante toda la primera parte. Kevin y Trigo actuaron, por tanto, con algo más de libertad para desplegarse en ataque y Eneko y Añón ejercían de interiores ofensivos escoltando a Mateu Ferrer que volvía a acaparar la punta de ataque.

Y el partido se puso de cara muy pronto cuando en el minuto 8 Kevin Presa golpeaba desde la frontal una pelota que tras rebotar en un contrario adquiría una dirección venenosa para el portero vallisoletano que nada pudo hacer para impedir el gol granate.

Lo cierto es que ese tempranero tanto lejos de aplomar el juego pontevedrés y dotar de seguridad a las acciones del los jugadores, provocó el efecto contrario y dio paso a unos treinta y cinco minutos siguientes en los que el Pontevedra lo único que transmitió sobre el césped fue incomodidad, imprecisión y un abuso del "pelotazo" sin sentido que llegó a desesperar al público asistente que se contagió un poco de ese estado de nervios en la que cayeron sus jugadores.

Tras el gol, el Pontevedra decidió otorgarle la posesión al Valladolid B (circunstancia que no tendría que ser negativa ni mucho menos) pero se "olvidó" de jugar el balón con criterio una vez recuperado y se limitó a sacudirse el esférico desde atrás hasta convertir esa parte del encuentro en una de las más feas disputadas en toda la temporada en casa.
Es verdad que el Valladolid tocaba y tocaba pero apenas llegaba con peligro al área de Edu pero la sensación transmitida por el Pontevedra durante esa fase del partido no era ni mucho menos la más deseable y recordó un poquito a esos minutos malos disputados ante el Guijuelo hace unas semanas.

Pero todo cambió al filo del descanso. Justo cuando la tensión parecía mayor, Kevin Presa logró hacerse con un balón en "tres cuartos" y tras una conducción magnífica envió un zapatazo no menos extraordinario que se alojó en las mallas pucelanas para poner más tierra de por medio en el marcador y poder marcharse al vestuario entre aplausos por el golazo conseguido y no con esa sensación extraña que minutos antes reinaba en el campo.

Y llegó la segunda parte y con ella un primer cuarto de hora en el que pasó de todo.

Lo primero es que el Pontevedra salió mejor y lejos de protagonizar esas "empanadas" a las que a veces nos acostumbra tras los descansos, consiguió dominar mucho más la situación en los primeros minutos.
Fruto de ello fue la gran ocasión para logar el tercero disfrutada  en primera instancia por Bruno que le dio al aire casi en boca de gol y luego por Eneko en el segundo palo cuyo remate fue despejado en última instancia por un defensa cuando ya se colaba.

Pero he aquí que en la siguiente acción del partido Bruno, que se reintegraba a su zona tras la ocasión citada, comete una entrada más peligrosa que voluntaria colocando su bota muy cerca de la cara de un contrario. El árbitro no lo duda y decide expulsar al central pontevedrés cuando todavía quedaban más de treinta y cinco minutos por delante.  
Sin solución de continuidad, en la jugada siguiente Barco que había suplido a Mateu muy poco antes se lesiona en la acción ya descrita al comienzo de este escrito y hace variar por completo los planes de Luisito que ya preparaba el segundo cambio en la banda.

Justo antes de la lesión, Alex González se preparaba ya para salir y todo hacía indicar que Eneko o Añon serían los jugadores elegidos para el cambio pero ese maldito pinchazo muscular provocó que la salida de Alex tuviera que ser por fuerza en lugar del "9" riojano.

A partir de ahí, el Pontevedra decide reorganizarse con Trigo oficiando de central junto a Portela y Añón moviendo su posición de la derecha a la punta y en ese instante apareció ese Pontevedra ordenado, solidario y estajanovista que tanto nos gusta y en el que tanto confiamos.

El Valladolid, como no podía ser de otra forma, volvió a hacerse con el balón ante un Pontevedra replegado pero sólo creó peligro de verdad en un lanzamiento que encontró la gran intervención de un Edu Sousa que volvió a ser ese portero seguro y de garantías que el equipo granate necesita.

Pero a diferencia de lo ocurrido en la primera mitad y sin que jugar con un jugador menos resultara obstáculo para ello, el Pontevedra logró recuperar más veces la pelota e hilvanar contras interesantes que no sólo creaban inquietud en la defensa castellana sino que desahogaban al equipo para obtener ese oxígeno imprescindible para anular los intentos ofensivos del Valladolid.
En esa faceta del juego, la velocidad al contragolpe, volvió a destacar Alex González que protagonizo de nuevo dos o tres jugadas extraordinarias de regate y velocidad que encandilaron al público granate. 
También Eizmendi que hasta ahora había pasado ciertamente desapercibido disputó una buena segunda parte hasta que fue sustituido por Mouriño y empezó a mostrar algunas cosas que quizá llevaron al club a propiciar su incorporación.
No se pude olvidar el trabajo de Añon que acabó exhausto el partido y que no estuvo nada bien por la derecha pero que creció exponencialmente desde la delantera y que incluso provocó una jugada en la que un central contrario debió ser expulsado. El colegiado decidió saldar la acción con una amarilla.      

Pero si en ataque estos jugadores redoblaron esfuerzos y ayudaron al equipo que decir de los encargados más directamente de parar el juego del equipo rival.  
Por encima de todos Kevin Presa. 
A  su habitual trabajo de desgaste, presión y equilibrio táctico de su equipo, adjuntó dos goles que decidieron el partido y recordó e incluso superó a ese jugador que conocemos y que esta temporada estaba quizá un puntito por debajo a la hora de ofrecer todo lo que lleva dentro.
Al lado de Kevin, Abel se desempeñó bien en una labor más fajadora que exigían las circunstancias del partido y robó igualmente un buen número de balones en la medular y atrás Portela respondió mucho mejor que en la primera parte, Trigo fue un valladar y los laterales un ejemplo de esfuerzo físico extremadamente útil para el colectivo.

Fue una segunda parte, en definitiva, disputada con mucha más seguridad y aplomo que la primera y en la que ni la expulsión ni la lesión de Barco consiguieron minar la determinación de un Pontevedra que acabó siendo superior al Valladolid B que ya se aleja nueve puntos más el golaverage en la clasificación. 

Volvemos a hora, por desgracia, a tener que jugar sin Mario Barco. No sabemos todavía si dos, tres, cuatro o más jornadas tendremos que afrontar de nuevo los encuentros sin ese aire fresco que el de Calahorra proporciona a nuestro juego de ataque además de la atención extrema que su presencia exige a las defensas contrarias.

Ya he opinado en más de una ocasión que su ausencia me preocupa mucho más fuera (lleva el 50% de los escasos ocho goles marcados a domicilio por el equipo) que en casa. Ayer logramos dos goles sin él, Contra el Guijuelo lo mismo y al Osasuna B le metimos en su día tres sin su concurso. Se notará en Pasarón pero algo menos. 
Fuera es otra cosa y no se descubre nada si se dice que el Pontevedra no puede permitirse de nuevo el lujo de acumular no ya seis sino dos o tres partidos sin marcar.

Una opción a estudiar en busca de soluciones a este problema podría estar en colocar a David Añón en la punta de ataque. Por un lado, Añón ha jugado bastantes veces a lo largo de su carrera como delantero y también es verdad que no sólo ayer sino más veces este año ha rendido bien en ese lugar. Por otro lado, esta posibilidad (y no la de alinear desde el principio a David y Mateu) nos proporcionaría la posibilidad de contar en el banquillo con un delantero de repuesto que podría dotar de alegría y fuerza si las cosas no marchan bien a la parte de arriba del equipo. Si juegan los dos de inicio no habría opciones verdaderamente ofensivas por utilizar de refresco en el transcurso de los choques. 

No tengo dudas de que Luisito estrujará su mente para evitar que la nefasta racha sin marcar no se repita pero bueno es que se utilice la polivalencia de algunos de los jugadores de la plantilla en aras de disimular lo máximo posible esta tremenda baja para el equipo.

En Pamplona saldremos de dudas y ojalá el Pontevedra logre lejos de casa demostrar a aquellos que lo pensamos que esa Barcodependencia fuera es sólo una invención absurda.
      

martes, 7 de marzo de 2017

Diez partidos, diez finales

He de reconocer que segundos antes del cabezazo letal de Mario Barco estaba ya firmando el punto que hasta ese instante tenía en el zurrón el Pontevedra CF.

Después de una primera parte insulsa y sin apenas mordiente ofensiva y de una segunda en la que se llegó algo más sobre la portería contraria pero sin la suficiente continuidad o intensidad para que se pudiera adivinar la llegada de un gol salvador, todo indicaba que el equipo acumularía su octava salida sin marcar un tanto y que el empate acabaría por reinar en el marcador de Villaviciosa.

Había sido un partido parecido al disputado en Ferrol hace unas semanas. En el primer tiempo el Pontevedra controlaba el encuentro atrás con solvencia y no daba apenas opciones a su rival para generar peligro ante Edu Sousa. Pero en ataque no se conseguía profundizar con verdadero peligro y solo en una acción de Añón justo antes del descanso pudo el Pontevedra crear algo de inquietud a la defensa asturiana.

Es verdad que en la segunda parte se mejoró algo y se dotó al juego de más intención en ataque. Barco, que había salido en el minuto 50 de encuentro llegó tarde por muy poco a un venenoso centro desde la izquierda, Abel pateó con cierto peligro una pelota desde fuera del área que no se fue demasiado por encima del larguero y Alex Fernández gozó de la mejor ocasión tras bonita jugada creada entre el propio Abel y Kevin Presa que no pudo embocar el ex del Ourense cuando estaba en una gran posición para transformar la acción en gol.

Por contra, el Lealtad también tuvo su ocasión en un mano a mano algo lateral de uno de sus hombres con Edu resolviendo el portero con acierto el lance rechazando la pelota que acabó fuera.

Con esa sensación de que se había neutralizado al rival sin demasiados problemas a base de un buen trabajo colectivo pero que otra vez se había desaprovechado la oportunidad de vencer fuera por no dotar a nuestra labor ofensiva de la suficiente calidad o agresividad , se llegaba a ese minuto 88 en el que el partido saltó por los aires.
Centro llovido de Eneko Eizmendi desde la izquierda y tremendo salto de Barco para no solo ganarle la partida a un defensa que no sabía de donde había salido esa cabeza sino también para imprimir una notable fuerza a la pelota que salió disparada para alojarse cerca del palo izquierdo de la portería local sin que el arquero pudiera hacer nada para evitarlo.

Golazo que aunaba la potencia de piernas para el salto y la fuerza en el cuello para golpear un esférico que no venía demasiado fuerte para convertirlo en remate inapelable.

Y golazo por la importancia. Significaba esa gran acción del "9" granate hacerse a última hora con tres puntos de oro como visitantes teniendo en cuenta la tremenda dificultad que está encontrando el equipo para conseguir victorias fuera.

Ya lo he dicho en más de una ocasión pero creo que la presencia de Mario Barco en el campo (resultando siempre importantísima) se hace todavía más trascendental lejos de Pasarón.
El riojano ha resultado clave en las únicas tres victorias obtenidas a domicilio y acumula la mitad de los goles logrados por toda la plantilla actuando como visitante.

Es fútbol ficción, sí, pero creo que si bien la presencia de Barco quizá no hubiera cambiado demasiado los partidos jugados aquí frente a Racing y Celta B (especialmente ante este último equipo en el que se trabajó muy mal en defensa) sí hubiera resultado determinante en esa serie de cuatro encuentros jugados fuera (Mutilva, Palencia, Izarra y Ferrol) en los que el Pontevedra CF no fue capaz de marcar ni un solo tanto.

Sea como fuere, tras la victoria en Lealtad y los resultados de Ponferradina y Valladolid de esta misma jornada, el Pontevedra se encuentra ante la posibilidad de meterle nueve puntos al filial pucelano si es capaz de doblegarle en el encuentro que disputará el próximo Domingo a la ribera del Lérez.
El filial vallisoletano que perdió su duelo frente al Celta B en la última jugada del choque, ha anunciado a principios de semana la cesión al UCAM Murcia de su jugador Mayoral, uno de los principales referentes hasta este momento del filial y parece por tanto que su apuesta por jugar el play off de ascenso pierde enteros.

Aún así, el partido será harto complicado y bueno es recordar que la pasada temporada este equipo derrotó aquí al Pontevedra por 1-2.

Han llegado los diez últimos partidos de la Liga regular que como tantos y tantos técnicos del fútbol recuerdan constituyen el tramo decisivo de las campañas y en los que sacar adelante los puntos resulta todavía más complicado.
Si fuéramos capaces de ganar al Valladolid B casi descartaríamos a los blanquivioletas y nuestra mayor referencia y casi única pasaría a ser la Ponferradina que este mismo fin de semana tiene una batalla muy dura en El Sardinero.

Dentro de la indiscutible dificultad de todos los partidos y más a estas alturas, los bercianos no solo tendrán que rendir visita a los santanderinos sino que deberán viajar también, entre otras visitas, a Barreiro  y al estadio de un Racing de Ferrol que ha vuelto a complicarse algo su clasificación por abajo y que no estará dispuesto a regalar nada. 

Nosotros también enfrentaremos rivales de alta alcurnia como el propio filial del Domingo o la Cultural Leonesa que nos visitará dentro de unas semanas.
Pero en el horizonte ya se vislumbra esa "final entre las finales" que deberemos disputar en el campo de El Toralín dentro de cuatro jornadas.

Que importante resultaría llegar allí al menos con los cuatro puntos de margen con los que contamos actualmente y que nos posibilitarían en caso de ganar darles casi la puntilla en ese enfrenamiento directo.

Pero para eso queda más o menos un mes y como bien dice y recalca Diego Pablo Simeone debemos ir partido a partido.
Lo más inmediato, el Valladolid B. Lo más importante ganar ese encuentro. Si después el Racing de Santander ayuda algo, miel sobre hojuelas.

Sería también importante que las gradas del Estadio de Pasarón, demasiado vacáis durante toda la temporada en comparación con la labor del equipo, se poblaran en mayor número el próximo Domingo. 
El equipo ha hecho méritos más que suficientes para que su afición responda de manera más mayoritaria y el papel que debe jugar Pasarón en ayuda del equipo para estos últimos partidos es trascendente y muy necesario.

  

lunes, 27 de febrero de 2017

Un caimán en libertad, el fin de una sequía insufrible y un paracaídas abierto

La característica banda sonora de la serie Corrupción en Miami me vino inmediatamente a la memoria al ver salir del vestuario al entrenador del Pontevedra CF. 
Con chaqueta y pantalón negro entre "casual" y deportivo, Luisito remataba su atuendo con unas zapatillas blancas tan aparentemente cómodas como desenfadadas que enseguida evocaron en mi mente las palmeras encajonadas contra un cielo azul brillante con las que empezaba cada capítulo de la ochentera serie estadounidense.
Es cierto que bajo su chaqueta el técnico de Teo no lucía una camiseta en manga corta que culminaría de manera magistral el estilo desenfadado de Sonny Crockett sino una impoluta camisa blanca a juego con el calzado que pudimos ver los que tuvimos a bien reunirnos ayer en el Estadio de Pasarón en el instante en el que el Burgos se adelantaba en el marcador.
Pero aún sin esa camiseta, como luego veremos, el peculiar entrenador granate si guardaba algún otro as en la manga que volvería a recordarme al personaje más famoso que a lo largo de su carrera ha interpretado el actor Don Jhonson.


Minutos antes del comienzo del partido veía con más incertidumbre y nervios de lo habitual a los jugadores efectuar sus ejercicios de calentamiento. Seis partidos sin meter un gol y en consecuencia sin ganar, la diferencia en la clasificación próxima a evaporarse en caso de no obtener la victoria, un Burgos que venía en su mejor racha de la temporada y que se mostraba especialmente fuerte como visitante... 
Eran argumentos todos ellos que dotaban al encuentro de una evidente dificultad aunque en honor a la verdad la derrota mañanera del Valladolid B en Palencia volvía a poner de manifiesto que los de atrás no viajan precisamente en un bólido espacial y daba argumentos para pensar que todavía estábamos a tiempo de enderezar el rumbo y afianzar un poco más esa soñada cuarta posición.

Lo cierto es que actuando como local el Pontevedra CF solo decepcionó ante el Celta B y que los verdaderos problemas los tenemos cuando jugamos lejos de casa y la sensación de que la fortaleza en Pasarón no se había perdido no tardó casi nada en ponerse de manifiesto en la tarde de ayer.

El Pontevedra salió decidido a ganar y a olvidar su sequía goleadora y protagonizó desde el principio una primera mitad plena de intensidad y dominio minimizando a un Burgos CF que apenas pudo acercarse al área defendida por Edu Sousa.
Ahora bien, ese dominio indiscutible, ese ritmo constante y alto conseguido por los nuestros no podía plasmarse en el marcador por la inocencia, ingenuidad o tremendo desacierto que se seguía acumulando ante la portería contraria.
Como ejemplo la jugada producida en el minuto 3 de partido en la que Eizmendi se encontró con un balón a la altura del punto de penalti con el portero desplazado y con todas las papeletas para poner fin a esa serie de partidos sin profanar marcos ajenos. Era más difícil mandarla fuera que meterla y lo primero fue lo que hizo el ayer interior izquierda granate al enviar la pelota por encima del larguero.
No tardó el equipo ni tres minutos más en generar otra ocasión clara de gol culminada con un cabezazo de Jacobo Millán tras centro del propio Eizmendi que fue a estrellarse contra uno de los palos de la portería castellana. Antes Trigo también había cabeceado otra pelota obligando a estirarse al meta del Burgos y después Kevin controló muy mal un balón que de haber efectuado ese control de forma correcta le habría posibilitado plantarse solo delante del portero.

Eran oportunidades (como otra de Mateu que en buena posición no consiguió contactar con el balón) que se sucedían y se mandaban al limbo provocando la desesperación del incomprensiblemente poco público asistente a Pasaron que veía como esa superioridad evidente del equipo granate no se traducía en goles por la incapacidad mostrada en los últimos metros.
Fue una primera parte controlada de cabo a rabo por el Pontevedra pero en la que sus jugadores volvieron a disparar o bien con balas de fogueo o bien con la pólvora completamente mojada.  

Esta circunstancia, perdonar ocasiones pintiparadas para marcar, dio lugar tras el descanso a otro "clásico" en las actuaciones granates por lo menos en casa, "la empanada de los primeros minutos de las segundas partes".

Salió el Pontevedra dormido o desconcentrado permitiendo al Burgos estirarse en ataque y gozar primero de una clara oportunidad que milagrosamente se fue al córner y segundo de otra jugada gestada en banda derecha del ataque castellano que culminó en gol un atacante burgalés llegando libre de marca a la altura del punto de penalti.

La situación en ese instante volvía ser muy frustrante. La notable primera parte protagonizada por los nuestros no había sido suficiente para mover el marcador y a los cinco minutos del segundo tiempo el contrario aprovechaba su primer lanzamiento entre los tres palos para poner tierra de por medio.

Pero he aquí que en ese momento Luisito volvió a encarnarse en ese pintoresco policía de Miami que recorría en compañía de Ricardo Tubs la ciudad americana para desarticular redes de delincuentes.

Ya sin chaqueta, el de Teo arengó a sus jugadores desde la banda para que despertaran del ya tradicional letargo que el vestuario provoca en su interior y a renglón seguido indicó (cual Sonny Crockett en Miami Vice) a su mascota que se preparase para poder salir en libertad.

En el caso de Sonny esa mascota era un caimán de nombre Elvis que vivía con él en su embarcación y que sorprendía o asustaba a aquellas personas que acudían al yate sin saber quien se escondía en una de las dependencias de la curiosa residencia del "poli".

En el caso de Luisito no era un caimán y si un "rubiales" que bajo apariencia de querubín esconde un "asesino" de porterías contrarias y que para más "inri" llevaba muchas semanas sin poder salir a cazar redes por culpa de ese tobillo que tanto le ha dolido a´el primero y a toda la afición después.

Salía pues al campo nuestro "Elvis " particular con los dientes más afilados que nunca y junto a el también entraba al terreno de juego otro jugador que ayer no estaba para muchas bromas, Alex González. Dejaban su sitio en el césped un otra vez casi intrascendente Eizmendi y un buen Jacobo Millán que volvió a dejar detalles de indudable calidad técnica.

Y el caimán , el "rubiales" o en definitiva para dejarnos de tonterías, Mario Barco no tardó nada en demostrar la importancia que atesora en el juego de ataque granate. Por calidad, por agresividad, por desmarque, por remate.. este hombre mejora al equipo y si bien será ese equipo en su conjunto quien nos podrá llevar a una insospechada cuarta plaza al empezar la temporada, resulta indiscutible que con la presencia de Barco el colectivo mejora y se dota de ese componente de plomo en las balas o picante en la comida que no existe cuando Barco no está en el campo.

Ya antes del empate a un gol Mario había protagonizado un par de acciones que ponían de manifiesto que las bromas se habían acabado y que la retaguardia blanquinegra ya contaba con un quebradero de cabeza de los grandes con su presencia y así llegó la bendición de la lluvia en forma de gol que terminaba con la sequía en una jugada que descargó la tensión de todos los que allí estábamos.

Elvis( perdón, Barco) se hace con una pelota en la frontal y observa el desmarque de Alex hacía el interior del área mandándole un precioso balón entre las piernas de un par de defensas burgaleses que el menudo jugador asturiano no desaprovecha para poner las tablas en el "luminoso".

Era un gol importantísimo. Que rompía esta nefasta racha y que por fin plasmaba el buen trabajo que estaba haciendo el equipo en el partido. 
Su autor, Alex González, desplegó ayer todo su potencial de desequilibrio, velocidad y regate por la banda izquierda hasta volver loca a la defensa rival completando unos minutos brillantes e importantísimos para el equipo.

Pero la segunda parte no era igual que la primera en la que sólo existió un equipo. No es que el Burgos fuera mejor en ese segundo tiempo pero lo cierto es que el Pontevedra (que había efectuado el tercer cambio sustituyendo a Portela por Mouriño) arriesgaba para ganar y posibilitaba más llegadas del equipo de Mandiola al área de Edu. Y fue poco después del empate cuando un lanzamiento con mucha intención de un contrario encontró la fenomenal intervención de Edu Sousa que envió la envenenada pelota al saque de esquina. 
Tras esa acción el Pontevedra redobló esfuerzos y por fin encontró el premio que sin duda merecía desde el principio.
Miguel Loureiro (que como saben los habituales de este blog ya me calló la boca con su trabajo hace mucho tiempo) arranca con su característico empuje y entusiasmo por banda derecha y conecta un centro maravilloso que no remata Mateu posiblemente por el medio derribo de un defensa que debió significar penalti. 
Pero no pasaba nada pues detrás del balear aparecía Barco para rematar de cabeza picando el cuero y hacer un segundo tanto vital por muchas circunstancias.

Vital por propiciar el triunfo más  necesario que nunca tras la serie de seis partidos sin ganar, vital por constituir la máxima expresión de la reaparición de este jugador que nos hace mejores, vital por culminar la remontada en un partido que tan complicado se había puesto tras el 0-1 y vital por traducir la superioridad del Pontevedra sobre el Burgos en casa y hacer del horroroso partido disputado ante el Celta B un hecho aislado dentro de la magnífica línea que el equipo mantiene en casa.   

Despejadas las dudas acerca de la fortaleza que el Pontevedra sigue manteniendo en Pasarón, este atribulado bloguero mantiene desde casi el comienzo de la temporada que los problemas y graves de los nuestros se acumulan a la hora de protagonizar el rol de equipo visitante.
En trece salidas hemos dejado de marcar nada menos que en ocho encuentros. En los cinco encuentros en los que sí hemos marcado Barco resultó crucial en tres de ellos. Haciendo el único gol del partido en Tudela, marcando el 0-1 en Aranda en la segunda y última victoria foránea que tenemos y "rescatando" al equipo de la derrota en O Vao haciendo un golazo espectacular amén de asistir a Añón en el primero. Por tanto, en los escasos cinco encuentros en los que el Pontevedra ha marcado fuera (Barco jugó cuatro de ellos pues en el debut en Guijuelo no lo hizo) en tres de ellos el de Calahorra resultó completamente decisivo.

La situación física de Mario Barco todavía no es óptima  y hace buena prueba de ello una acción sucedida en el último minuto del tiempo reglamentario de ayer en la que se lastimó la zona y le hizo renquear durante la prolongación. Es posible, que el cuerpo técnico tenga cuidado con el y no le otorgue la titularidad en Villaviciosa el próximo Domingo.
Pero  esa dosis de agresividad bien entendida, esa "mala uva" de la que a veces carece el equipo se hace más importante todavía lejos de casa que aquí.
No olvidemos que para que el gran mérito de conseguir la cuarta plaza se haga realidad vamos a tener que ganar al menos un par de partidos de los seis que nos faltan por jugar como visitantes y creo que la vuelta de Barco en ese sentido es crucial y me hace ser mucho más optimista.

La próxima estación no es nada fácil, Villaviciosa. Hierba artificial, campo más pequeño... 
Lo sabemos desde ya y en nuestra mano está dejar de repartir estampitas de la Virgen de la Caridad cada vez que viajamos por España y por contra parecerse algo más al equipo pleno de confianza y empuje que aparece cada quince días en el Estadio Municipal de Pasarón.

Vamos a ver que pasa en Asturias.       
    
   

lunes, 20 de febrero de 2017

En caída libre o el nuevo episodio de la película desplome 2.0

Que el Pontevedra CF lleva protagonizando una temporada lejos de Pasarón vulgar y con números de zona baja es algo que resulta difícil de discutir.
De manera oportunista desde dentro del club se nos decía en el transcurso de la primera vuelta que el equipo solo había perdido en Santander, Valladolid, León o Vigo y que estos eran los conjuntos que ocupaban los puestos de arriba en la clasificación.
Sin embargo, la realidad es tozuda y con el tiempo esa especie de coartada se ha quedado obsoleta y sin ningún tipo de solidez.
En esos cuatro encuentros citados lo peor no fueron las derrotas sino la imagen paupérrima ofrecida por los granates en tres de los cuatro partidos en los que estuvo fuera de los mismos casi desde el principio.
Pero concediendo que esos campos (Barreiro, Reino de León y El Sardinero) son escenarios harto complicados, lo cierto es que el Pontevedra en el resto de encuentros jugados como visitante no ya en esa primera vuelta sino en todos los jugados hasta el día de hoy no ha dado la medida prácticamente en ninguno.
Sólo dos victorias, Tudela y Aranda con protagonismo importante de Mario Barco en ambos choques y empates conseguidos a trompicones como los de Guijuelo,Burgos, Coruxo, Mutilva o Palencia no son cifras para estar especialmente contento con el rendimiento exhibido por los nuestros en los partidos jugados como visitantes.

Esta exasperante falta de competitividad foránea no es exclusiva de esta temporada sino que ya viene de atrás pues en la segunda vuelta de la liga pasada los resultados lejos de casa ya empezaron a ser realmente mediocres.

Claro que si a esta trayectoria errática fuera se le suma la pesada losa de acumular seis encuentros sin meter un gol la consecuencia no puede ser otra que el lento pero imparable derrumbe del Pontevedra CF que solo mantiene la cuarta plaza por dos circunstancias; la primera, su extraordinaria primera vuelta en casa en la que ofreció esa imagen de equipo fuerte que tanto nos ilusionó y la segunda la torpeza de los perseguidores que ni con esta lastimosa racha granate han conseguido desplazar al Pontevedra de la cuarta plaza en la tabla. 

De esta inaudita serie de encuentros sin encontrar el camino del gol solo se puede sacar la conclusión de que la baja de Barco ha desconyuntado al conjunto en el aspecto ofensivo.
No hemos sabido jugar sin Mario y además el calagurritano aporta esa dosis de carácter de la que adolece tanto el equipo sobre todo fuera y que resulta muy necesaria para sacar muchas veces las castañas del fuego.
En las dos victorias logradas a domicilio el "9" resultó decisivo y en campos como el del Coruxo resultó básico para no volverse con derrota.
La lesión de Barco acaecida en un momento clave de la temporada fue calificada en este mismo blog como muy preocupante pero sus efectos han sido mucho más devastadores de lo que podría esperarse en un principio.
Y es que más allá de los diez goles acumulados por el riojano en la Liga, su rendimiento y su capacidad de contagio al resto del equipo (además de la evidente atención que requería de las defensas contrarias) era tan relevante que su ausencia ha dejado huérfano en ataque al Pontevedra secando por completo las fuentes de acceso a las porterías rivales

¿Contaba la plantilla con argumentos para sobreponerse a esta baja y mal que bien ir salvando la cara hasta el regreso de Barco? Este bloguero siempre entendió que sí. Reconociendo la importancia del jugador cedido por el Lugo esperaba que el equipo disimulase la baja del delantero tal y como hizo con la de Alegre y "fuera tirando" como pudiera hasta la reaparición de su nueve titular.

Está claro que me equivoqué. O eso o es que el cuerpo técnico ha sido incapaz de dar con la tecla para jugar sin Barco algo que parece no corresponderse con la realidad cuando escuchamos a Luisito en la rueda de prensa posterior al partido de ayer afirmar que no iba a cambiar nada y que seguiríamos jugando igual.

Lo cierto es que esa afirmación del técnico teense no deja de ser curiosa sobre todo por que minutos antes había analizado con gran acierto el partido al afirmar que el Pontevedra había hecho casi todo bien hasta llegar al área rival, zona del campo en la que se le vendaban los ojos de manera desesperante. Ese "fútbol de mentira" , frase con la que calificó Luisito con sinceridad el juego granate no podía tener más consecuencia que acabar empatando a cero o incluso perdiendo si el equipo contrario acertaba (como así pasó) en alguna jugada aislada.

Salió al campo el Pontevedra con cuatro jugadores "menudos"  en los puestos más ofensivos al comienzo del partido. Eizmendi a la derecha, Jacobo a la izquierda más Mouriño y Añon como hombres más adelantados. Kevin y Trigo ejercían de mediocentros y la defensa era la habitual en los últimos partidos.
Y el Pontevedra cogió la pelota con la aquiescencia del Racing y la "sobó" cuanto quiso y más salvo cuando pasaba por las botas de un Kevin que volvió a estar desafortunadísimo en la circulación entregando el balón en muchas más ocasiones a un rival que a un compañero.
Pero esa posesión resultaba estéril. Sólo un cabezazo de Mouriño que salió fuera y una volea muy complicada de Jacobo que se fue por encima del larguero lograron animar siquiera tímidamente el juego ofensivo del equipo y con ese bagaje meter un gol parecía misión casi imposible.

Enfrente un Racing que parecía dejar pasar los minutos como apático y con más ganas de marcharse a la ducha que a otra cosa en el que Joselu no aparecía ya sea por su abulia o por el partido notable de un Bruno que volvió a rayar a un gran nivel y en la que Benítez no encontraba pasillo alguno para desembarazarse de un Miguel que volvió a a demostrar su mejoría esta temporada.
Aún así, en una jugada sin peligro aparente, el ex granate Benitez (conocido anteriormente como González) decidió probar con un lanzamiento desde muchos metros más atrás del área grande granate sorprendiendo a un Edu Sousa que todavía al escribir esta columna no entiendo como no llegó a a despejar a corner esa pelota

De esta manera tan absurda un Racing que en más de media hora sólo había llegado una vez por medio de Mendi se ponía por delante y hacía presagiar lo peor para el Pontevedra CF.
Quizá el guión pudo cambiar si en la última jugada de la primera parte David Añon hubiese transformado la única ocasión clara de gol de la que dispusimos al rematar flojo de cabeza en el segundo palo una falta lateral mal defendida por los "verdes".

Pero lo cierto es que el remate fue directo a las manos del portero departamental y la primera parte terminaba con ese sabor de boca amargo de ver a un Pontevedra impotente en ataque ante un rival que no estaba haciendo nada para ganar el partido.
En esa primera parte Eizmendi no volvió a ofrecer un solo argumento que pueda defender la titularidad que se le ha otorgado casi desde que llegó y la duda de un segundo caso Hugo Rodríguez empieza a planear sobre la casa granate. 

Tras el descanso Abel y Mateu entraron al campo en lugar de Portela y Mouriño pero salvo en los primeros diez minutos en los que sí pareció que el equipo tocaba más rápido la pelota y con algo más de intención el decorado apenas cambió sobre el césped.
El Pontevedra monopolizaba la pelota y llegaba con cierta asiduidad a las proximidades del área contraria pero una vez allí faltaba ese picante o ese toque de calidad que permitiera generar ocasiones de gol que transmitieran un poco de inseguridad a la retaguardia ferrolana.

El Racing por su parte buscó no con demasiado ahínco las contras para sentenciar el choque y  alguna opción tuvo para hacer el segundo tanto pero sobre todo gracias a la actuación ya mencionada de Miguel y Bruno no logró encontrar ese gol que sentenciara definitivamente el partido.

La última media hora la jugó Alex González en lugar de Eizmendi pero a pesar de intentar profundizar por la banda izquierda en alguna ocasión lo cierto es que acabó por disolverse en ese azucarillo ingenuo y carente de toda mala uva que era el ataque pontevedrés.   

Con el pitido final del árbitro la sensación que por lo menos al que esto escribe se le quedó en el cuerpo es que el rival nos había ganado sin hacer apenas nada sobre el terreno de juego y que la impotencia infinita que se había demostrado por nuestra parte a la hora de generar peligro hace ya no necesario sino imprescindible el regreso de Mario Barco para que la faceta ofensiva granate vuelva a parecerse a la de un equipo serio y con aspiraciones y no a la de un conjunto que lucha desesperadamente para no meterse abajo.

Dicen que es posible que Barco esté entre los convocados para el partido del próximo Domingo. Yo no rezo ni profeso fe alguna pero aquellos que sí lo hacen estaría bien que elevaran alguna plegaria para que esa reaparición se produzca en una semana pues el equipo sea por las razones que sean no ha sabido sobreponerse en ataque a la lesión del bravo jugador de Calahorra.

Si no fueran pocas las preocupaciones que arrastra el equipo, la escuadra que nos visitará en la siguiente jornada llegará a Pontevedra en el mejor momento de su temporada y llegará tras vencer en El Plantío por 2-0 a ese equipo extraterrestre que muchos decían que era el Celta B que aquí se paseó sin recato hace no demasiados días.

O se reacciona ya o o el grueso de los equipos que vienen por detrás nos arrollarán cual pelotón a un escapado a falta de un par de kilómetros para la meta.

Una cosa es no poder repetir la gran primera vuelta realizada (por lo menos en casa) y otra muy distinta es conformarse o mirar con indiferencia como el Pontevedra realiza una segunda vuelta lamentable y muy por debajo de sus posibilidades.     
    
   

lunes, 6 de febrero de 2017

De humillaciones futbolísticas, dolorosas ovaciones y agoreros por doquier

No esperaba ni de lejos que el Pontevedra CF recibiera la indiscutible humillación deportiva propinada ayer por el Celta de Vigo B.
Lo anterior no quiere decir que no esperase un partido tremendamente complicado en el que solo una gran versión granate podría propiciar que el resultado cayera a nuestro favor.

Pero el desastre colectivo en defensa, la imagen de impotencia absoluta tras el primer gol celeste y el paseo triunfal del filial en el Estadio Municipal de Pasarón eran acontecimientos que jamás hubiera imaginado viendo el rendimiento que hasta ahora había ofrecido el equipo en casa.

Si hace quince días el Racing de Santander consiguió llevarse los tres puntos tras la disputa de un encuentro jugado a cara de perro y con un Pontevedra respondón a la par que cohesionado sobre el terreno de juego, lo de ayer fue un pim pam pum injustificable que pudo todavía ser más duro si los atacantes vigueses hubieran estado acertados en las tres o cuatro ocasiones claras de gol de las que disfrutaron en la segunda parte.
El partido entendido como una contienda en la que dos equipos compiten por un resultado duró hasta ese minuto veinte en el que el colegiado decidió señalar un penalti que casi nadie vio con claridad salvo el entrenador granate que sorprendentemente afirmó haberlo apreciado casi con seguridad desde el banquillo.
No es que antes de la pena máxima el Pontevedra hubiera estado mejor que su rival ya que sufrió en defensa desde el minuto 1 pero por lo menos tocaba con cierto sentido en campo vigués e incluso gozó de una oportunidad en botas del único jugador (quizá junto al portero) cuya actuación podría salvarse del suspenso general, Alex González.
Pero tras el 0-1 el vendaval céltico descargó con toda su intensidad sobre el área pontevedresa en especial con ráfagas inmisericordes de viento sobre el flanco derecho defensivo granate por el que Miguel Loureiro trataba de agarrarse al palo mayor de la nave con uñas y dientes pese a la nula capacidad de ayuda de sus compañeros para tapar semejante estropicio defensivo.

Por ahí llegó la jugada previa al corner en el que se produjo el penalty. Por ahí llegó la jugada del 0-2 y también por ahí se gestó el tercer tanto del Celta B.
Fueron veinticinco minutos injustificables en los que ni la potencia del contrario, ni las bajas, ni nada por el estilo pueden explicar el desplome integral del Pontevedra CF que dejó de ser ese equipo seguro al que es dificil hacerle goles para parecerse a una marioneta en manos de un equipo que en ocasiones "chuleó" de manera lamentable a los jugadores granates.    

La segunda parte sobró por completo. De entrada sorprendió y mucho a este bloguero la cerrada ovación con la que fue recibido el Pontevedra al  volver al campo desde los vestuarios.
Lo fácil, lo populista (ya que ahora se pronuncia tanto esta palabra) sería decir que la afición fiel como ninguna quería levantar el ánimo de unos jugadores dispuestos a lavar esa lamentable imagen en la segunda parte. 
Pero lo cierto es que no pude evitar pensar (dentro del inmenso respeto que tengo por todas las reacciones de la grada que es soberana) que había hecho el Pontevedra CF para merecer los aplausos de su gente tras ser humillado como nunca por el filial del equipo de Vigo y cosechar un resultado que iba camino de formar parte de la historia negra del club tan nutrida en los últimos tiempos de lamparones sonrojantes.

Ni pasar a jugar con defensa de tres dejando a Eneko Eizmendi en el vestuario pasando Trigo atrás y ocupando Alex Fernández su posición en el medio, ni la buena posibilidad de gol disfrutada de nuevo por Alex González a los cinco minutos de la reanudación lograron cambiar la desastrosa dinámica del encuentro.
Fue una segunda parte jugada al tran tran por el Celta B que cada vez que quería salía de la cueva para plantarse en superioridad en área granate llegando a generar tres o cuatro opciones pintiparadas para marcar evitadas ya por Edu Sousa ya por la falta de puntería de sus jugadores. 

El Pontevedra lo intentaba, sus jugadores le ponían empeño y esfuerzo pues ninguna muestra de indolencia se vio ayer sobre el terreno de juego pero la impotencia era supina y no hacía más que echar más leña al bochorno en el que por lo menos para el que esto escribe se había convertido el choque.

El partido se fue consumiendo entre el desacierto granate y los detalles nada edificantes en forma de absurdas pérdidas de tiempo dado el resultado protagonizadas por varios de los jugadores del filial del Celta. Al hilo de esta última cuestión, es triste observar como un jugador de la talla futbolística de Borja Iglesias que ayer minimizó a Portela hasta límites insospechados no es capaz de sustraerse a la moda de los jugadores que no saben celebrar los goles sin meter los dedos en los ojos a la afición contraria. Su reacción tras la transformación del penalti resultó en ese sentido decepcionante.

Y con el pitido final llegó la segunda dolorosa ovación de la tarde noche. 

El público granate (cuando digo público no me refiero en este caso solamente al fondo norte sino a los aficionados de las cuatro gradas) despidieron a su equipo con una cerrada ovación que a estas horas todavía no logro explicarme.

Como ya he dicho en otras ocasiones ya somos desafortunadamente solo "cuatro" los que vemos una especial rivalidad en los partidos jugados contra el filial de ayer y por supuesto contra el primer equipo en las pocas ocasiones en las que nos hemos podido enfrentar en los últimos tiempos.

Somos, como decía, muy pocos los que pedimos al equipo un plus el día que se juega contra el Celta pero es que además ayer no solo se perdió contra ese equipo sino que se salió goleado de forma rayana en la verguenza y sin dar ni por asomo la mejor versión que sabemos nuestro Pontevedra 16/17 puede ofrecer.   

Como ya he dicho más arriba, máximo respeto a los pronunciamientos de una afición de la que formo parte y que consideró necesario aplaudir al equipo al final del partido jugado ayer pero si no entendí los aplausos al descanso mucho menos comprendí los aplausos al final.
Si después de palmar 0-4 contra el Celta B pudiendo incluso ser más abultado el marcador el equipo merece esa recompensa es que el cambio generacional de la parroquia granate está punto de ser culminado no sé realmente si para bien.

Leeremos y escucharemos ahora múltiples voces que dirán que el Celta B es tan fuerte como el Milán de Sacchi o para los más jóvenes como el Barcelona de Guardiola pero lo cierto es que siendo un extraordinario conjunto el dirigido por Alejandro Menéndez lo es de 2ª División B y me cuesta mucho justificar el baño antológico de ayer en Pasarón  sólo basándome en la fortaleza del rival.

Leeremos y escucharemos también a mucha gente opinar que estaba cantado; que como demonios estaba el Pontevedra arriba con esa plantilla formada por jugadores cedidos hace nada a equipos de regional y demás; que el potencial económico de la mitad de los equipos del grupo supera al nuestro etc etc.

Todo eso está muy bien e incluso la mayoría de los argumentos se corresponden con la verdad. Pero esa mismas voces se olvidarán de que los puntos que hasta ahora ha cosechado el Pontevedra han sido fruto del trabajo, del saber estar y de plasmar una superioridad sobre los contrarios.

Que una primera vuelta tan importante en especial en casa no puede dilapidarse sin luchar con todas las fuerzas para amarrarse a un cuarto puesto que no es fruto de la casualidad y que se ha conseguido luchando contra esos equipos como la Ponferradina que ahora parecen el monstruo de la famosa película que viene a vernos acercándose poquito a poquito.

Yo creo en este equipo. Igual que opino que lo de ayer es un mazazo humillante y directo a nuestro orgullo, creo firmemente en este equipo.

Un equipo que se recuperó casi sin cicatriz de la baja de Alegre y un equipo que está notando (decir lo contrario sería mentir) la baja de Mario Barco pero que hasta ayer seguía compitiendo con diligencia a pesar de la baja de su goleador. 
Pero el Pontevedra no perdió ayer por la ausencia del gran delantero cedido por el Lugo. Ayer se perdió por las vías de agua  evidentes sufridas en el sistema defensivo que llevaron al encuentro a ese escenario pavoroso para nuestros intereses.

Ahora bien, humillados ayer, la plantilla y cuerpo técnico no pueden caer en ningún caso en el desaliento. 
El cuarto a día de hoy sigue siendo el Pontevedra CF y pesar de esa desventaja económica que no niego el equipo tiene argumentos y capacidad para recuperar el orgullo y no claudicar tan fácil de una posición ganada gracias a este mismo grupo que ayer no estuvo a la altura pero que no debe rendirse nunca.
No tendremos todavía a Barco pero para Izarra volverá Presa y supongo que Añon. Es un campo muy complicado y la trayectoria fuera desde el comienzo de Liga no es buena. 

Pero igual que me sorprendió y mucho la paupérrima imagen de ayer sería deseable que el equipo empezara a recomponerse soltando un gran partido en Navarra y comunicarle a los rivales que lo que tanto trabajo ha costado ganar no se entregará con tanta facilidad.

Del equipo depende que ese orgullo destrozado a machetadas ayer por el Celta B se reconstruya cuanto antes en forma de victorias que den la razón a los que todavía creemos en que es posible superar las expectativas generadas en verano. 

      



lunes, 23 de enero de 2017

Cabeza alta y el paso firme

No imaginaba que el partido se fuera a jugar de la forma en la que se hizo. 
Tanto Racing como Pontevedra enseñaron sus cartas sin tapujos y convirtieron el encuentro en un toma y daca tan entretenido como sorprendente en el que las llegadas a ambas áreas fueron constantes a lo largo de casi todo el encuentro.
El conjunto cántabro alineó de entrada a Cobo junto a Dani Aquino y reunió en la linea de mediocampo a jugadores tan ofensivos como Héber, Jara y Alvaro Peña. El Pontevedra CF, por su parte, no se amedrantó y aceptó el envite lanzado por los visitantes con tanta energía como convicción destacando en ataque un incansable David Añón que desbordó todo lo que pudo tanto por la izquierda como en el último tramo del partido en el que volvió a situarse en la derecha.

La consecuencia de todo ello es que la contención y la prudencia que reinaron, por ejemplo, en el choque frente a la Ponferradina saltaron por los aires desde el principio y fueron sustituidos por la osadía y la ambición ofensiva hasta colorear el partido de una vistosidad y un ritmo casi frenético que gustó mucho al público asistente al ex vetusto.

Hasta cuatro ocasiones claras disfrutó el Pontevedra en la primera mitad. A poco del comienzo Trigo envió una pelota cerca de la escuadra derecha de la portería rival; Añón disfrutó de dos opciones en las que a punto estuvo de conseguir el tanto y Mateu casi al filo del descanso se vio obstaculizado por su compañero Mouriño tras un centro notable de Bonilla que debió terminar en gol.
El Racing también tuvo las suyas, especialmente una de Aquino que remató de cabeza excesivamente picado en gran posición marchándose el esférico rozando el larguero de Edu tras botar con demasiada fuerza en el suelo.
Pero al margen de las oportunidades más claras disfrutadas por las dos escuadras, las llegadas a las zonas de peligro fueron cuantiosas y las acciones defensivas tanto por parte de granates como blanquiverdes meritorias.

Sí es cierto que en el balón parado el Racing de Santander transmitía peligro a través de lanzamientos muy precisos tanto en corner como en alguna falta lateral pero a trancas y barrancas el Pontevedra iba salvando esta situación del juego con la ayuda importante de Mateu que ayudó en varias ocasiones por arriba y que incluso salvó bajo la línea de gol un balón que ya se colaba en la opción más clara de gol del Racing en el primer tiempo además de la ya reseñada de Aquino.

Cuando la primera parte tocó a su fin no solo descansaron los veintidós jugadores del intenso esfuerzo realizado sino que también los espectadores resoplaron un poco contagiados de esa velocidad en el juego nada habitual en la 2ªB y que mostraba bien a las claras la fortaleza de los dos equipos contendientes.

Tras el descanso, Aquino pudo marcar nada más sacar de centro aprovechando esa "caraja" ya comentada en otras entradas de este blog que parece apoderarse del Pontevedra nada más volver de los vestuarios. Por fortuna, Edu pudo desviar a saque de esquina el lanzamiento del punta montañés que desaprovechó una ocasión muy clara para poner en ventaja a su equipo.

Después de esa jugada el Pontevedra volvió a aplomarse sobre el césped y a buscar el área contraria aprovechando la alegría del juego del rival. Volvieron a sucederse llegadas por ambos bandos y aunque el Pontevedra no disfrutó de opciones tan claras como en la primera mitad la sensación era de que el choque podía caer para cualquiera de los dos lados en el momento en el que alguien acertara a coger ventaja en el marcador.
Llegaron los cambios y Luisito mediado el segundo tiempo decidió sustituir a Abel y a un cansado Mouriño por los dos Alex, tanto Fernández como González.

En este punto es necesario recalcar que Adrián Mouriño protagonizó posiblemente sus mejores minutos de la temporada y por momentos se pareció por fin a ese gran Mouriño del que pudimos disfrutar el año pasado antes de esa dichosa e importante enfermedad que le aquejó. Esa fue una de las mejores noticias que dejó el partido junto a la aportación de Añon y en mi opinión la de la pareja de centrales que rayó a gran altura ante delanteros importantes y decisivos en esta categoría.

Y finalmente llegó ese minuto 75 en el que se produce un saque de esquina. El Pontevedra no es contundente a la hora de despejar, se producen diferentes toques de jugadores santanderinos y para culminar la jugada llega un golpeo afortunado de un rival que acaba por alojar en las mallas la pelota tras una parábola extraña.

El gol visitante cayó como un mazazo en el estadio de Pasarón pero no amilanó a un Pontevedra que siguió bregando con cabezonería en busca de un tanto que volviera a equilibrar la contienda. Luisito arriesgó como era lógico y sustituyó a un gran Bruno por Jacobo que no estuvo nada mal en los pocos minutos que quedaban por disputar y encontró a Añón en la derecha para crear inquietud en el Racing.
Alex González tuvo una buena ocasión en la que eligió mal y disparó cuando lo que procedía era pasar atrás el balón y Mateu remató muy flojo otra interesante opción en área rival.

Y como el Pontevedra murió matando, es decir, volcado sobre el área cántabra, sobre la hora surgió una jugada en la que Mateu al rematar de cabeza en gran posición pareció  ser desequilibrado un poco por un defensa visitante. El árbitro no consideró la acción como punible y el partido terminó con ese doloroso 0-1 que echaba a bajo la condición de invicto del Pontevedra CF en casa. 

Una derrota nunca es positiva y siempre traslada disgusto al equipo y a la afición que la sufre. Pero dentro del golpe que conlleva perder por vez primera en Pasarón y dejar de sumar puntos tan importantes como los que ayer estaban en disputa, no se puede obviar que la imagen ofrecida por el Pontevedra CF ha sido muy buena.

El equipo no se arrugó en ningún momento y no le perdió la cara al partido jamás. Demostró que con concentración y trabajo puede competir contra cualquiera y que la posición que ocupa en la tabla es merecida y en ningún caso producto de errores ajenos.

Tampoco podemos engañarnos. Si la baja de Iker Alegre en Septiembre fue un palo de los gordos que el equipo ha sabido "disimular" de manera admirable, la sufrida hace quince días en la persona de Mario Barco es especialmente preocupante y desalentadora.

Como ya he escrito en otras ocasiones me gusta Mateu y creo que ahí hay jugador pero en estos días que quedan para el final del mercado de invierno y dada la baja de Gonzalo (al que este bloguero le desea todo lo mejor) el club debe intentar incorporar a alguien en ataque. 
No contamos con el potencial de Racing, Ponferradina, Celta B y algún otro equipo para nutrir nuestras filas de calidad y gol pero bajo esa premisa ineludible de no desequilibrar peligrosamente nuestras cuentas resulta necesaria la suma de esa pieza que ayude a dotar al conjunto de más opciones ofensivas.
Que nadie se engañe. No vendrá nadie con las posibilidades y la categoría de Barco pero cualquier ayuda es poca en este tramo de la temporada en el que estamos sin el "pichichi"para no caernos de una posición a la que hemos llegado a base de trabajo y dedicación. 


         

lunes, 16 de enero de 2017

Semana importante (sea cual sea el objetivo por el que se pelea)

Si hay un equipo en el actual grupo I de la 2ªB cuya presencia resulta más extraña en la categoría es el Racing de Santander. Es el equipo cántabro (sumido en una profunda crisis económica) un conjunto que acumula nada menos que 44 temporadas en Primera ocupando el puesto decimocuarto en el ranking histórico de nuestro fútbol además de otras 34  en segunda división.
Por tanto, la visita de los santanderinos a Pasarón adquiere un color especial por la trascendencia de su palmarés y otorga al partido una expectación mayor que la que puede acarrear cualquier otro rival de la Liga 2016/17.

Y esa indudable expectación que rodearía al encuentro en cualquier caso resulta todavía mayor por la brillante temporada que el Pontevedra CF está protagonizando hasta el momento y que lo sitúan en la tabla a solo tres puntos de la escuadra dirigida por Angel Viadero.

He de confesar que este atribulado bloguero anda algo confuso con relación a las aspiraciones reales del Pontevedra en la presente campaña y diversas situaciones vividas a lo largo de los últimos siete días han vuelto a sumirme en una crreo justificada confusión.
El Domingo pasado tras la meritoria y sufrida victoria ante el Guijuelo el entrenador se encargaba de dejar claro con bronca incluida a todo al que se le ocurrió pasar por rueda de prensa que esto es casi un milagro y que varios de los futbolistas titulares indiscutibles en este equipo habían sido sacados poco menos que de una tómbola de las Fiestas de la Peregrina. 
No es la primera vez que Luisito se despacha de manera similar sobre el controvertido objetivo que tiene el Pontevedra esta temporada pero lo que desconcierta (por lo menos al que esto escribe) es que al comienzo de la semana que desembocaría en el encuentro disputado en Mutilva algunos jugadores afirmaran en los medios sin tapujos que la jornada era muy importante porque los rivales directos se enfrentaban entre sí y un buen resultado en Navarra podría colocarnos en posición todavía más ventajosa.  
Sea como fuere lo cierto es que el Pontevedra hizo en Mutilva aquello que resulta imprescindible (no por ello fácil) para no venirse de vacío, desarrollar un buen trabajo defensivo y dejar la portería a cero.
Siempre que se juega en campos de ese estilo y contra rivales aguerridos como los navarros lo primero es no encajar y lo segundo es tratar de convertir alguna de las pocas ocasiones que en estos partidos se suelen generar para completar el trabajo y llevarte los tres puntos. A pesar de que esta segunda parte del guión no se cumplió sí se interpretó bien la primera y por ello el equipo regresó con un punto nada desdeñable que tras la disputa de la jornada ha permitido que se mantenga en siete la distancia con la Ponferradina y que suba a seis el hueco que nos separa del Valladolid B.

Esta circunstancia, mantener la portería a cero, no es ni mucho menos baladí e indica que el Pontevedra ha recuperado esa fortaleza en defensa que se había perdido bastante en los encuentros con la Cultural pero sobre todo contra el Somozas y el Coruxo en los que no sólo se encajaron dos goles sino que se permitieron demasiadas ocasiones de peligro a los contrarios.
En ese sentido, el Pontevedra sólo ha encajado un gol en los últimos cinco disputados y salvo el cuarto de hora final contra el Guijuelo la imagen ha vuelto a ser de solvencia y cohesión en la retaguardia.
Pero como decía al principio ahora llega el Racing en un partido "grande" de nuestro grupo y al que los montañeses acuden heridos tras perder en casa ante este Celta B que no ceja en su empeño de meterse arriba.
Como antecedente en Pasarón del duelo del Domingo podemos recordar el jugado la campaña pasada en el que tras una primera parte extraña (el Pontevedra sufrió una lesión en el calentamiento y otra en los primeros minutos) y en la que el Racing fue mejor, en la segunda los granates encontraron su juego y plasmaron su superioridad en el césped con aquel golazo de Alex Fernández desde fuera del área.

Será el del Domingo el segundo partido y medio sin Mario Barco. En la última entrada del blog todavía no se conocía el verdadero alcance de la lesión del riojano que finalmente es más importante del que se presumía. 
La importantísima ausencia de Mario será larga y durante la misma será Mateu el que tendrá que intentar copar el protagonismo que el jugador cedido por el Lugo había conseguido atesorar en nuestra punta.
El balear tiene condiciones y además una actitud impecable que contribuirá a buen seguro a que su rendimiento sea el que esperamos y que esta otra baja después de la Alegre se note lo menos posible sobre el verde.
Es cierto que no estaría de más que el club se mueva en serio (de hecho parece que lo está haciendo) para intentar encontrar un delantero aunque sea sub 23 que pueda aportar minutos de verdad en el conjunto granate.
Es muy difícil, no podemos engañarnos. Primero porque el mercado de invierno es más complicado y acarrea más riesgos. Y segundo porque si el club mantiene su intención de no dar bajas senior esa dificultad aumenta exponencialmente al tener que ser una pieza sub 23 la que tenga que incorporarse a la plantilla.
Pero lo cierto es que "peinar" el mercado en esa dirección es necesario pues la baja de Barco no sólo nos privará de su vital participación en el juego sino que hace que elevemos plegarias al cielo para que la integridad física de Mateu permanezca incólume.

Ya he dicho en más de una ocasión en este y otros foros que nadie puede quitarme la capacidad de soñar e ilusionarme  con el Pontevedra CF.
Que la situación económica de la institución todavía arrastra los terribles efectos del tsunami que nos llevó a penar cuatro años en tercera es un hecho.
Pero también lo es que el trabajo de estos jugadores y del cuerpo técnico tiene al equipo con 41 puntos y con una regularidad a la hora de puntuar que no podemos negar nos ha metido en la lucha por el play off. 
Qué luego no se consigue? ¿Qué la Ponferradina arrasa en la segunda vuelta ya con su ídolo Yuri de Souza de vuelta y la pieza que se cobre sea la granate? Es posible. 

Pero también es posible que el Pontevedra mantenga la regularidad que hasta este instante ha conseguido. Es posible que al igual que ha digerido de forma admirable la baja de Alegre consiga mitigar lo máximo posible la falta de Barco en estas semanas que permanecerá en el dique seco. Es posible que algunos prefiramos seguir mirando de frente a nuestro equipo y no ponernos la venda en los ojos antes de la herida. Y todo ello sabiendo que de entrada había equipos en Agosto con muchos más números de la rifa para meterse en los cuatro primeros. 

Este año el play off sigue siendo una ilusión y no una obligación. Pero las ilusiones no pueden prohibirse sino disfrutarse y el siguiente paso en esa ilusión llegará el Domingo con este partido frente al Racing de Santander en el que tendremos otra gran oportunidad de ver al equipo medirse en casa contra un rival que sí tiene esa obligación de meterse en los cuatro de arriba e incluso de subir.

Será bonito vivir el encuentro y no digo nada si conseguimos ganarlo.